Archive for the 'Alfredo Jocelyn-Holt' Category

26
Abr
11

Mercaderes, Empresarios y Capitalistas

Ha sido una larga y laboriosa auscultación del retrato
oculto del enervante Dorian Gray criollo.
Un ir y venir por el desfiladero estrcho de la historicidad empresarial.”
(Gabriel Salazar)*

Hace unas semanas, el Centro de Estudios Públicos (CEP) realizó un interesante seminario sobre el libro “Mercaderes, Empresarios y Capitalistas (Chile, Siglo XIX)” (1) del historiador y premio nacional de historia Gabriel Salazar (2), texto capital para entender a la elite capitalista del siglo XIX. En el evento, expuso además del autor, el historiador Alfredo Hocelyn-Holt (3) y el economista Rolf Lüders.

Si bien, siempre es interesante escuchar al profesor Salazar, no es menor verlo en un debate con otro historiador de fuste y, además con ex ministro de Pinochet. Si Ud. se lo perdió, lo o la invito a escuchar los audios del debate.

Presentación: Gabriel Salazar (Pinche Aquí)

Ponencia: Alfredo Hocelyn-Holt (Pinche Aquí)

Ponencia: Rolf Lüders (Pinche Aquí)

Contra argumentación y preguntas (Pinche Aquí)

* G. Salazar. Mercaderes, Empresarios y Capitalistas, Pág. 11.

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Notas

1.- “Mercaderes, Empresarios y Capitalistas (Chile, Siglo XIX)”. 2009, Editorial Sudamericana.

2.- Gabriel Salazar, Profesor de Historia de la Universidad de Chile y Premio Nacional de Historia.

3.- Alfredo Jocelyn-Holt, Historiador y Profesor de la Escuela de Derecho y de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile.

4.- , Profesor de la Facultad de Economía de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

24
Ene
11

¡No a la disminución de horas de Historia! Vol. 4 y final

“La historia es el esfuerzo del espíritu para conseguir la libertad”.
(G. W. F. Hegel)

Y terminó imponiéndose la racionalidad, el MINEDUC echó pie a tras a la medida que pretendía reducir las horas de Historia, Geografía y Ciencias Sociales del curriculum nacional. En efecto, si bien la medida quedó refrendada en el acuerdo consensuado entre la Concertación y el gobierno en la reforma educacional del presidente Piñera [1], esto no debiera interpretarse como un triunfo de la oposición, por el contrario, este fue un éxito de la comunidad académica, de los docentes, alumnos, agentes culturales y ciudadanos que en general en forma activa hicieron sentir su malestar por una medida inconsulta, tecnocrática y de la cual aún no se conocen argumentos pedagógicos serios para su aplicación. Hay que advertir que este hecho se suma a otras iniciativas y formas de protesta ciudadana que acontecieron el 2010, donde, al margen de los partidos políticos –entes naturales donde se debería manifestar el sentir ciudadano- o por ausencia de éstos se empieza a reconstruir un tejido social que no ve a la clase política asumiendo sus demandas y aspiraciones.

A continuación transcribo la declaración del Movimiento por la Historia, la Geografía y las Ciencias Sociales, donde da cuenta de este importante logro ciudadano.

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Un importante logro que anima a seguir

A dos meses del anuncio de la reducción de las horas de Historia, Geografía y Ciencias Sociales (HGCS), el MINEDUC ha echado pie atrás, señalando que mantendrá las cuatro horas del sector de aprendizaje Historia, Geografía y Ciencias Sociales.

Se trata de un importante logro ciudadano que nos anima a valorar lo realizado hasta ahora y a seguir pendientes de la discusión nacional sobre la calidad de la educación que queremos y necesitamos como sociedad. No se trata de un logro exclusivo de los historiadores, profesores y estudiantes de HGCS, muchos de los cuales manifestaron públicamente su rechazo, si no que de la sociedad entera.

Es un logro de los muchos/as profesionales, artistas, apoderados, estudiantes universitarios y secundarios. Es un logro de la ciudadanía activa que manifestó en distintos lugares del país su preocupación por el errado rumbo del MINEDUC. Es un triunfo de la argumentación y el diálogo enfrentados al autoritarismo (recordemos que esto se trataba de un decreto, no de la ley) y la improvisación educativa de las autoridades. Es un triunfo de la transparencia.

Aunque se haya anunciado la restitución de las horas de HGCS, hay cosas que aún no están resueltas y nos preocupan. El actuar del MINEDUC frente al Consejo Nacional de Educación, organismo que terminó aprobando la reducción a pesar que todos los informes de especialistas recomendaban rechazar la medida. Esto es algo que debe clarificarse para restituir la confianza en este organismo, cuya principal misión es velar por la calidad y pertinencia de las propuestas curriculares nacidas del MINEDUC.

La restitución de las horas de HGCS aparece en los medios como un elemento de negociación política de la reforma educativa aprobada en el Parlamento[2]. Es importante recalcar que ha sido la presión ciudadana y la demanda de diálogo la que ha motivado revertir la medida. Contribuyeron a este logro las numerosas movilizaciones e iniciativas ciudadanas como las clases de historia en espacios públicos y la creación de un blog informativo. Ha contribuido también la insistente demanda de conocer y discutir los argumentos educativos del anuncio y la permanente voluntad de dialogo del Movimiento y otros actores sociales con el Ministro y los responsables de la Unidad de Curriculum y Evaluación del MINEDUC. Contribuyó también en forma decisiva, la interpelación pública al Consejo Nacional de Educación exigiendo transparentar los informes que desaconsejaron la medida. Todo esto ha servido para insistir y anunciar públicamente que la medida de reducir las horas de HGCS fue una improvisación que felizmente hoy se revierte.

No obstante, sigue siendo preocupante que el Ministro y el acuerdo parlamentario señalen públicamente que las horas de HGCS tendrán un “componente especial de formación ciudadana y educación cívica”. ¿Cuál será el sentido de ese componente especial?, ¿desconoce acaso el MINEDUC que el actual Marco Curricular ya lo contempla? Pues bien, hay que volver a insistir que la formación ciudadana YA ESTÁ EN EL MARCO CURRICULAR (A través de los OF-CMO) y que muchos/as profesores/as ya lo vienen trabajando desde hace años. Si se leen con atención los Objetivos Transversales de HGCS se verá como están perfectamente definidos en el Marco Curricular. La formación ciudadana se debe pensar como un aprendizaje vinculado a la problematización histórica y espacial y no como un componente aparte del sector de aprendizaje. De otra forma, se desdibuja su propósito educativo transformándose en lo que alguna vez conocimos como Educación Cívica sin ninguna incidencia en la formación ética y social de los/as jóvenes. Por tanto, será necesario que el MINEDUC aclare de qué se trata este “componente” y no cometa el error de presentar, tal como lo hicieron con los nuevos programas, una HGCS desvinculada de la formación ciudadana.

Finalmente, es urgente que el MINEDUC de señales públicas concretas sobre la restitución de las horas de HGCS, partiendo por eliminar lo antes posible de su página web la nueva propuesta de programas de HGCS, dada la confusión que genera entre profesores y sostenedores de colegios que hasta hoy no saben a que atenerse para planificar el año escolar 2011.

Quedan por clarificar también otros aspectos que incluyó la medida ministerial como la reducción de las horas de Educación Tecnológica y Consejo de Curso. Quedan pendientes cuestiones relativas al sentido que tiene esta reforma educativa. Tal y como se pudo apreciar con la desacertada medida, existe detrás de las nuevas políticas, un sentido de la educación que enfatiza la instrucción por sobre el valor educativo de la HGCS, limitadas por los estándares de medición. No hay que confundirse: la calidad de la educación está definida por el logro de los OF-CMO. El SIMCE mide solo un 40% del Marco Curricular. En ese sentido, nos preocupa que las condiciones del trabajo docente (horas para preparar clases y número de alumnos por sala, entre otros) no constituyan un punto central de la reforma tal como aconsejó la  Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Continuaremos atentos al debate que surja y aportaremos nuestros argumentos cuando sea necesario. Ha quedado demostrado que el dialogo y la discusión abierta es el camino a seguir para avanzar en la mejora de la calidad de educación chilena. Por ello, como Movimiento por la Historia, la Geografía y las Ciencias Sociales, seguiremos participando a través de diferentes iniciativas. Una fundamental es la realización de una Escuela Permanente de auto-formación y elaboración de propuestas en torno a la calidad de la enseñanza de la HGCS a realizarse durante el primer semestre del año 2011. La reducción de las horas ha develado numerosas inquietudes de estudiantes secundarios, universitarios, profesores de aula escolar y aulas universitarias. Como comunidad educativa nos proponemos analizar la realidad y los problemas de la enseñanza y el aprendizaje de la HGCS en el sistema escolar nacional, con el objetivo de proponer ideas creativas para el objetivo que nos interesa a todos: la calidad de la educación.

Agradecemos a todos/as quienes se sumaron a esta campaña y para este año 2011, la invitación es abierta a todos/as quienes quieran continuar aportando ideas y experiencias sobre los desafíos de calidad, equidad y pertinencia de la enseñanza de la HGCS.

Movimiento por la Historia, la Geografía y las Ciencias Sociales

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Notas

[1]http://diario.elmercurio.com/2011/01/19/nacional/politica/noticias/3BBEE00B-4F0C-4275-8BE1-F9757557CF3C.htm?id={3BBEE00B-4F0C-4275-8BE1-F9757557CF3C}

[2] punto 5.9, se establecerá un mínimo de 4 horas obligatorias de Historia, con un componente especial de formación ciudadana y educación cívica. Ver en: http://www.puntocentral.cl/?p=7839&utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=senador-lagos-protocolo-de-acuerdo-sobre-la-calidad-y-equidad-de-la-educacion

01
Dic
10

¡NO A LA DISMINUCIÓN DE HORAS EN HISTORIA! (parte 2)

La controversia provocada por la disminución de las horas de historia en el curriculum nacional, ha provocado una fuerte controversia en el escenario nacional, lo que ha llevado a manifestaciones callejeras, actos simbólicos y declaraciones. Por si Ud. no ha tenido tiempo de revisar los medios, lo invito a un vistazo rápido:

Declaraciones Públicas

* Declaración de Historiadores y Profesores de Historia y ciencias Sociales a Propósito de la reducción de Horas de Clases de historia, Geografía y ciencias Sociales en la enseñanza Media.

* Declaración Pública Escuela de Historia U. Diego portales

* FECh rechaza la reducción de horas de clases de Historia y Geografía

* Estudiantes de Historia de la ULA repudian disminución de horas de clases

 

Reacciones en la Prensa

  • María Angélica Guzmán (UC): Experta UC: Aumento de horas sin cambio en pedagogía “no aporta en nada” (La Tercera)
  • Manuel José Ossandón (alcalde RN): Alcalde Ossandón por cambio curricular: “Parece que la prioridad es formar empresarios” (La Tercera)
  • Álvaro Góngora (Historiador): Sólo puede amarse lo que se conoce (El Mercurio)
  • Rodrigo Larraín (Sociólogo U. Central): Más matemáticas y menos historia (El Mostrador)
  • Cristián Cox (UC): Efectos graves, ventajas inciertas (La Tercera)
  • Fabián González (Academia de Humanismo Cristiano): ¿Qué hay detrás del “gran cambio al curriculum escolar”? (El Mostrador)
  • Soledad Concha (UDP): Reforma (El Post)
  • Alfredo jocelyn-Holt (Historiador): La Historia Importa (La Tercera)
  • Guillermo Bastías (bloguero): ¿La Mayor Reforma Educacional o el fin de la Educación Pública? (El Ciudadano)
  • Andrea Dufournel: La educación chilena está para la historia (El ciudadano)
  • Anibal Venegas: ¿Reforma o contrarreforma de la educación? (Clarín)

Entrevistas

  • Entrevista a Gabriel Salazar(CNN)
  • Entrevista a Sergio Grez (CNN)
  • Alfredo Jocelyn-Holt (historiador): La educación puede ser el punto débil del gobierno de Sebastián Piñera (Desde Zero)

Redes Sociales.

  • No a la reducción de horas en Historia y Ciencias Sociales está en Facebook

To be continued…

27
Nov
10

La historia importa

El historiador Alfredo Hocelyn-Holt (*), desde el día que se anunció la disminución de horas de historia al curriculum nacional, ha mostrado su abierto rechazo a la medida presidencial. Esta vez, desde la columna de opinión que tiene los días sábados en La Tercera (**), arremete contra lo que él llama “los educólogos, marea acosadora de expertos amnésicos que se han apoderado últimamente de la educación”.

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La historia importa

VENGO DE ESTAR unos días en Washington y recorrer algunos de sus espléndidos museos. Sólo en la zona del Mall, donde se ubican los principales monumentos, se han abierto y remozado en las últimas décadas cuatro museos -de Historia Americana, del Indio Americano, del Aire y Espacio, de la Prensa (Newseum), y se planea para el 2012 el de Historia y Cultura Afroamericana- gracias a multimillonarias inversiones y con afluencias de público igualmente millonarias. Preocupación para con la historia que se vuelve a confirmar cuando uno revisa lo que se publica en nuevas tiradas de libros relativos a la Independencia, la Constitución de los Estados Unidos, sus más destacadas figuras políticas, la ocupación del territorio y su crucial papel como potencia mundial.

De vuelta en Santiago, aterrizo, en cambio, en un país en que el Ministerio de Educación ha decidido rebajar las horas de enseñanza dedicadas a la historia y  humanidades, a fin de abultar la enseñanza de matemáticas y lo que los “educólogos”, marea acosadora de expertos amnésicos que se han apoderado últimamente de la educación (quizá por eso está como está), llaman “lenguaje”, ni siquiera gramática y literatura. Un contraste que nos devuelve una vez más a nuestro asentado provincianismo tercermundista, lo cual no deja de sorprender.

La fascinación por la historia en los EEUU se debe, en gran parte, al giro más conservador experimentado en ese país. Si en los años 60 y 70 la izquierda norteamericana abominaba del pasado y lo quería revolucionar todo desde cero, las nuevas líneas de derecha desde los años 80 se han encargado de subrayar el valor renovable de la larga tradición libertaria, cívico-patriótica y religiosa variopinta de ese país.

Nada, sin embargo, que podamos constatar en nuestro caso. Por el contrario, el giro chileno más “a la derecha”, que también data de esa misma época, está marcado por un menosprecio hacia todo lo hecho en los últimos cien años, lo que sumado a una crítica acrimoniosa respecto de nuestro pasado institucional decimonónico, nos ha dejado como única reserva en qué respaldarnos el supuesto éxito de gobiernos duros (de Portales a Pinochet) y la inveterada tradición católica barroca tridentina, es decir del siglo XVI.

Por eso el equipo que ha llegado al Mineduc se siente incómodo con la apertura curricular en materias de historia post 1989, objeta que se hable en las salas de clase de “resistencia mapuche” y “colonia” durante el período español, que se califique a la Constitución de 1833 de “autoritaria”, que al régimen militar se le denomine “dictadura”, en fin, que la discusión histórica necesariamente supone barajar múltiples posibles interpretaciones, no siendo suficiente memorizar largas listas de hechos descontextualizados. Estos últimos, a juicio de los “educólogos”, más fáciles de “medir” en pruebas de rendimiento.

En definitiva, esta arremetida lo que prueba es que nuestros sectores más recalcitrantes, en vez de persuadir que la historia sirve para crear conciencia cívica, han optado por renunciar a toda discusión compleja. Conscientes de que han perdido la batalla por la reflexión histórica, han preferido dar un golpe duro, reduciendo el ramo tradicionalmente más central del currículo nacional.

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* Alfredo Jocelyn-Holt, estudió Historia del Arte en la Universidad Johns Hopkins, donde obtuvo también un Máster en Estudios Humanísticos. Regresó a Chile en 1979 y en 1990 se tituló de Licenciado en Derecho en la Universidad de Chile. Además recibió el título de Doctor en Historia de la Universidad de Oxford en Inglaterra, el año 1992. Entre sus obras más relevantes se encuentran: La Independencia de Chile: tradición, modernización y mito (2009). Historia General de Chile, Tomo III, II y I: (2000 – 2008). El peso de la noche: nuestra frágil fortaleza histórica (1999). El Chile perplejo: del avanzar sin transar al transar sin parar (1998).

** La Tercera, sábado 27 de noviembre de 2010.

 

18
Nov
10

El Peligroso Debilitamiento del Curriculum Humanista en la Educación Chilena

Pero, ¿cómo un país, que tiene un interés serio en la educación,
se la entrega a los ingenieros? No se puede elegir 
una profesión más ajena a una comprensión amplia y generosa
de la educación. Un ingeniero es bueno para hacer caminos y puentes…”
(Carla Cordua)*

El ministro Lavín, anunció ufano el día de ayer “el mayor cambio al curriculum y al horario escolar que se haya hecho en los últimos años”, para continuar diciendo que la medida es “sólo comparable al aumento de horas que significó la jornada escolar completa” (1). La medida, que comenzará a regir el 2011 pretende fortalecer tres áreas evaluadas por el SIMCE, lenguaje, matemáticas e inglés. Lenguaje aumentará de 5 a 7 horas semanales entre quinto básico y segundo medio; matemáticas aumenta una hora de quinto a octavo año básico, y dos horas en primero y segundo medio; inglés aumenta una hora de quinto a sexto básico. Para adaptar la carga horaria propuesta por esta medida, se disminuirán horas a las áreas de historia y educación tecnológica. La medida, que si bien parece razonable, deja entrever algunas situaciones que el MINEDUC debiera especificar más claramente, pues a simple vista resultan a lo menos extrañas.

Primero, si se quiere de verdad estimular la comprensión lectora y el raciocinio matemático, porqué no se hace de primero a cuarto básico que es donde de verdad debe hacerse. En este sentido, no puedo estar más de acuerdo con Mario Waissbluth, quien manifestó que la medida era una buena “muleta” para los alumnos que llegan a 5° básico ya “cojos” (2). La evidencia indica, que es en la enseñanza básica donde  se debe aprender a leer y a operar y razonar con las matemáticas, entonces, por qué Lavín interviene de quinto a segundo medio y no lo hace de primero a sexto básico, la enseñanza básica que estructuró la LGE (3). En qué se empleará el aumento de horas, según el ministro, “la idea es que hayan más hora para hacer ejercicios de matemática y para que los alumnos aprendan a redactar mejor” (4), o sea, se pretende que los alumnos ejerciten competencias que, como lo indica el SIMCE, la mayoría no podrá desarrollar ya que tienen escasa comprensión lectora y bajo razonamiento matemático.

Segundo, se produce un peligroso debilitamiento del área humanista en el curriculum nacional. Primero fue filosofía, que quedó reducido a un área de segundo orden en la reforma curricular  del 94, ahora le toca a historia quien verá disminuida su carga horaria en 40 horas al año, lo que incidirá según el curriculum readecuado, en debilitar los contenidos de historia universal e historia de Chile. Pero, más allá de esto, como lo expresara claramente Alfredo Hocelyn-Holt a La Tercera, es “lamentable” que se disminuyan las horas de Ciencias Sociales, y asegura que “un país sin memoria histórica es un país cada vez menos sensible y con menor sentido público”. Y agrega que es fundamental que los jóvenes tengan conocimientos de historia, debido a que “quienes no tengan esa conciencia, no saben dónde se ubican en el tiempo (…)” (5).

Tercero, esta readecuación horaria viene darle la razón a aquellos que no están de acuerdo con las Reformas Basadas en Estándares (6), en el sentido que termina priorizando sólo los contenidos que miden los estándares, reduciendo la educación sólo a lo que mide el SIMCE, razón por la cual muchos de los países de alto desempeño en pruebas internacionales, entre ellos Finlandia, no los utilizan. Sería ingenuo reducir la pedagogía a competencias en lenguaje, matemáticas, inglés y educación física, dónde se ubica la formación ética, intelectual, emocional, artística, el pensamiento lógico, la creatividad, etc… es decir todo lo que realmente debiera interesar en la formación de nuestros jóvenes.

Por último, nadie niega la importancia de la correcta formación en lenguaje y matemáticas, pero Lavín está aplicando el correctivo en el lugar equivocado. Todos sabemos que nuestra educación tiene un problema en su base, la enseñanza básica, pero, qué se hace, se interviene la enseñanza media. Digámoslo una vez más, esta medida tiende a hacer aún más light el currículum, el que como siempre no afectará a los sectores más acomodados del país, sino a los más vulnerables, que verán disminuidas sus posibilidades de ampliar el conocimiento crítico de la historia y la sociedad. No quiero ser mal pensado, pero ojalá no sea esto el fin último que persigue la curiosa medida del presidente Piñera.

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* Entrevista a Carla Cordua. The Clinic n° 355, año 11 del jueves 5 de agosto de 2010.

Notas

1.- “Mineduc aumentará en 800 horas las clases de Matemática y Lenguaje”. La Tercera, 17/11/2010. Ver en: http://www.latercera.com/noticia/educacion/2010/11/657-308135-9-mineduc-aumentara-en-800-horas-las-clases-de-matematica-y-lenguaje.shtml

2.-  La Segunda, miércoles 17 de noviembre de 2011.

3.- La Ley General de Educación (LGE), modificó los ciclos de estudio de la enseñanza básica y media. La básica tendrá una extensión de de 1° a 6° básico; la media menor abarcará de 7° a 2° medio; la media mayor abarcará de 3° a 4° medio.

4.- La Tercera, 18 de noviembre del 2010.

5.- Para profundizar sobre el tema, ver “La Política de Reforma Basada en Estándares aplicada a Chile. Otra mala idea”. En: https://guillermobastias.wordpress.com/2010/11/05/la-politica-de-reforma-basada-en-estandares-aplicada-a-chile-otra-mala-idea/

6.- La Tercera, 18 de noviembre del 2010.

16
Oct
10

Se acabó la huelga de hambre, pero no el conflicto

Terminada la huelga de hambre de los prisioneros políticos mapuche, sería ingenuo pensar que se acabó el conflicto mapuche. Por esta razón, quiero presentar dos textos, el primero de Gabriel Salazar, donde reflexiona sobre el concepto de etnia en la historia de Chile; el segundo de Alfredo Jocelyn-Holt, escrito el año 2008 para Revista Qué Pasa, donde reflexiona sobre las posibles salidas a este ya largo conflicto.

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Rol Histórico de las Etnias

en Chile (1)

 

Etnia, Nación y Estado

En chile existen comunidades cuya lengua, religión, valores e historia difieren del resto de la población. Desde hace siglos ocupan (y se identifican) con el mismo territorio. Se les conoce con el nombre de etnias indígenas: Aymara, mapuche, qawascar, yámana, quechua, coya, atacameños y rapa nui.

Culturalmente, los miembros de una etnia se perciben distintos y así son percibidos por los demás. Tienen conciencias de pertenecer a una comunidad cuya cultura nutre una suerte de “honor colectivo” que está por encima de consideraciones de clase, puesto que de él participa cualquier miembro del grupo étnico, al margen de su posición social (2)

El estado chileno reconoce la existencia de etnias pero no de pueblos indígenas. Hablar de pueblo equivaldría, en su opinión, a reconocer la existencia de varias naciones al interior de un mismo territorio, por lo cual atentaría contra la visión clásica de una sola nación y un solo Estado.

Como contrapartida, las organizaciones indígenas y los defensores de los derechos indígenas, plantean que las etnias si constituyen pueblos, por historia, identidad étnica, religiosa, lingüística y territorial. Si todos los pueblos tienen una identidad básica de derechos, las etnias indígenas pueden aspirar, legítimamente, a la autodeterminación.

La visión que esta última perspectiva de análisis tiene de la relación ente cultura indígena y Estado-nación, es profundamente crítica. Se habla de colonialismo interno para dar cuenta de la existencia de pueblos, dentro del Estado, económicamente explotados y culturalmente reprimidos.

Lo anterior se ampararía en el “valor supremo” de la unidad nacional. Históricamente los estados han privilegiado la vinculación del poder político con una sola nación o etnia, negando la existencia de otras comunidades culturales en su territorio o promoviendo su rápida asimilación.

Sin embargo, pese a siglos de discriminación etnocida y también genocida, las culturas indígenas no han desaparecido. En el último censo (1992), más de un millón de personas señaló sentirse identificado con alguna de las etnias indígenas que pueblan el territorio, principalmente la mapuche (3).

Mal que les pese a muchos, las etnias indígenas existen. Este hecho obliga a repensarnos como nación y como Estado para abrirnos a una realidad que no puede seguir desconociéndose: que en Chile conviven diversos pueblos. El reconocimiento es fundamental para valorar el aporte de las culturas originarias y avanzar hacia políticas de Estado que aseguren el respeto y la sobrevivencia de las comunidades indígenas.

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ARAUCO INDOMITO: “A LO ÚNICO QUE CONDUCE

COMBATIR AL MAPUCHE ES QUE ÉSTE RESPONDA COMBATIENDO”(4)

Por Alfredo Jocelyn-Holt.

Exigir madurez política a un pueblo al que, por cien años, se le ha dominado con criterios paternalistas, no puede ser, pues, más insensato. Este último descargo, por cierto, no justifica el recurso a la violencia. Si algo hemos sacado en limpio de nuestra larga y entrampada historia con los mapuches es que ésta no resuelve nada. A lo único que conduce combatir al mapuche es que éste responda combatiendo, y en este plano, me temo, son formidables.

 

La batalla cultural

Entre tanta alarma que, con o sin razón, rodea el conflicto mapuche hay un aspecto que merece destacarse como positivo. Solemos pasarlo por alto. Me refiero al lento -casi imperceptible- cambio produci­do últimamente en nuestras conciencias respecto a la tenacidad de este pueblo, su vigor y legítima demanda de que se le tome en cuenta.

Recordemos cómo décadas atrás había que poco menos que viajar a “otro país” para encontrarnos con una de esas mujeres altivas, monumentos sobrevivientes de su raza, alhajadas con delica­dos ornamentos de plata, tamboreando su cultrún. Hoy por hoy, es cosa de caminar por nuestros paseos peatonales santiaguinos para escucharlas. Digo bien -“escu­charlas”, “oírlas”- porque como constará a cualquiera que se ha topado con alguna de ellas, no están allí para que se las foto­grafíe en tanto especímenes exóticos, turístico-culturales.

Fotografías de ellas, de hecho, existen muchas y de muy excepcional calidad. Algunas de colores vivísimos, muy actuales; otras, más viejas o sepias, seguramente retratos de sus abuelas. Circulan por doquier: en postales, en publicaciones de arte magníficamente editadas, como también en estudios antropológicos o históri­cos, cada vez más serios. En las librerías suelen destacárseles; es cuestión de fijarse en los mesones de entrada.

Décadas atrás, recordemos también, hablábamos de “araucanos”; hoy en día, por respeto a como ellos mismos se autodenominan, les decimos “mapuches”. El giro es significativo. Tanto como la desaparición de esas largas listas de “cambio de apellidos” (la mayoría ancestrales, sustituidos por nombres comunes y corrientes chilenos o españoles) a las que todavía en los años 70 y 80 los periódicos solían recurrir a fin de rellenar sus insulsas páginas. Lo mismo cabría decirse de palabras como “rehue”, “machitún”, “winka” o “marichiweu”. Términos que, junto con exigirnos un mayor conocimiento, nos abren a una apreciación enteramente novedosa del mundo en el que queremos seguir viviendo. ¿A quién, hoy en día, se le ocurriría pensar, por ejemplo, que un canelo o una araucaria son árboles cualquiera, o que un “bosque nativo” es lo mismo que una “plantación forestal”?

Pequeños detalles, giros verbales, que estarían dando cuenta de un trascendental cambio de sensibilidad entre nosotros. En efecto, en el último tiempo nos hemos vuelto más atentos y tolerantes para con “el otro”, el distinto, por lo que nos puede aportar en sabiduría. De hecho, no pudiéndolos vencer ninguneándolos, extinguiéndolos, o, en el mejor de los casos, mitificándolos (Ercilla mejor que nadie), confesemos hidalgamente ésta, nuestra última derrota frente al mapuche: la cultural. Triunfo que, en ningún caso, nos aminora. Por el contrario, nos ennoblece no haber podido imponernos enteramente. De ahí que, a cambio, hayamos crecido en humanidad, amplitud de criterio y espesor cultural.


La batalla política

Si en el ámbito cultural hemos debido reconocer la validez y tenacidad del mapuche sin por ello tener que lamentar nuestra reciente toma de conciencia al respecto, ¿por qué no se vislumbra lo mismo en el plano político?

El asunto, en esta otra dimensión, es más complejo. El mundo mapuche no manifiesta la misma cohesión a la hora de organizarse políticamente. Son fáciles de dividir. Militancias partidistas, cuadros disciplinados, formación ideológica, les son tan ajenos como lo fueron para nosotros al inicio de la República, con la particulari­dad, en su caso, de que se trata de una sociedad todavía ágrafa, muy pobre, y sin afanes colectivos totalizadores. A lo sumo puede aspirar a representar sus propias demandas, pero ni el peso de su población no insignificante (casi 800 mil habitantes) aunque dispersa (500 mil mapuches viven en Santiago), ni la falta de liderazgos comunes, le permiten superar su calidad de minoría electoral mucho menos potente que su significación social real.

No obstante esta debilidad, tradicional­mente crónica, no son inmunes a influen­cias y aprovechamientos políticos externos. De ahí que se les haya vuelto, en distintos momentos, o más pasivos o más radicalizados, sin que ello les haya reportado avance alguno en tanto pueblo tradicionalmente oprimido y discriminado. La desconfianza del mapuche no es tan sólo con un Estado que, a fines del siglo XIX, los invade y somete, despoja y reparte sus tierras. Es, también, con las leyes, instituciones y lógicas civiles y políticas que, lejos de integrarlos y asistirlos, han tendido a mantenerlos en un estadio de infantilismo político agudo. Exigir madurez política a un pueblo al que, por cien años, se le ha dominado con criterios paternalistas, no puede ser, pues, más insensato.

Este último descargo, por cierto, no justifica el recurso a la violencia. Si algo hemos sacado en limpio de nuestra larga y entrampada historia con los mapuches es que ésta no resuelve nada. A lo único que conduce combatir al mapuche es que éste responda combatiendo, y en este plano, me temo, son formidables. Ni ellos ni nosotros nos hemos impuesto bélicamente en casi cinco siglos. Militarizar el conflicto, por tanto, sólo nos lleva a tener que repetirlo todo de nuevo.

¿Se ha llegado a ese punto? Lamentablemente, los dos extremos en este conflicto así lo plantean al resto del país y del mundo. A falta de una mayor información capaz de presentarnos un panorama más complejo que lo que aparece en pantalla, nos quedamos con la imagen de que, efectivamente, Arauco sería una zona de ocupación y que sus pobladores o son terroristas o, al menos, son encubridores y agitadores. A su vez, enfrentamientos, ataques a propiedades, enormes despliegues y operativos armados, huelgas de hambre, muertes y atentados -estos últimos en menos de una semana-, se encargan de reforzar, no con poco éxito, esta perniciosa imagen.


La batalla territorial

Confrontación la hay y con seguridad la seguirá habiendo. La hay cuando se invocan derechos ancestrales pasados a llevar, cuando se reclaman abusos históricos más recientes (usurpaciones de títulos de propiedades indígenas), cuando se oponen diferentes concepciones de progreso y de derecho, cuando se confrontan grandes intereses económicos por un lado, y pequeñas comunidades rurales por el otro.

Méritos no faltan a uno y otro lado del conflicto. Y todos, no nos confundamos al respecto, nos remiten a la zona en contienda. Como su mismo nombre lo da a entender, un pueblo mapuche sin tierra está condenado a desaparecer. Por eso que es tan imperativo encontrar, a mediano plazo, no tanto una solución definitiva, todavía prematura, como los mecanismos y espacios que harían posibles futuros entendimientos.

Esa y no otra es la deuda pendiente no sólo con este pueblo sino con nosotros mismos, puesto que lo que en esta zona ocurre -lo sabemos de sobra- invariablemente amenaza con desestabilizar al resto del territorio. Mecanismos en este orden de cosas, de hecho, han existido en el pasado y han mostrado su efectividad. Bajo dominio español, y vaya que nuestros antepasados lo aprendieron después de siglos de  contienda, se intentaron dos estrategias que, a la postre, fueron acogidas por el otro lado del litigio. La principal era dejarlos tranquilos, respetar su dignidad y autonomía, replegándose de la zona cuando no se la pudo someter manu militari. La otra era parlamentar o, lo que es lo mismo, oírlos y negociar cuantas veces fuera necesario. Si en su momento estas dos vías funcionaron relativamente bien, mucho mejor que lo de ahora, ¿por qué no trabajar en esta línea? De lo contrario, se ahondará en la espiral creciente de violencia y no habrá retorno posible por largo tiempo. Y, tiempo, conste, es lo que mejor maneja este pueblo. Su sobrevivencia varias veces centenaria los apoya y los cambios en la sensibilidad cultural mundial tienden últimamente a favorecerlos. Al final, lo único que nos une con el pueblo mapuche es la paz. Por eso pretender conseguirla sin respeto al otro y sin reconocimiento de su autonomía es falaz.

 

Notas.

1.- Gabriel Salazar y Julio Pinto. “Historia Contemporánea de Chile II: actores, identidad y movimiento”. Edit LOM. 1999, p. 137.

2.- J. Bengoa. “Los derechos de los Pueblos Indígenas: El debate acera de de la declaración internacional” en Liwen n° 4. Centro de Estudios y documentación Mapuche Liwen, Temuco, 1997, p. 214.

3.- de acuerdo a los datos aportados por el último censo de población (1992) y la comisión Nacional de Pueblos Indígenas, este es el total de población indígena según etnia:

Mapuche       928.060.

Aymara            48.447.

Rapa nui          21.848.

Atacameña      10.000.

Qawasqar             101.

Qaghan                   64.

4.- Revista Qué Pasa –  Profesor Alfredo Jocelyn Holt – 11-01-08.

17
Sep
10

Historiadores chilenos enjuician el Bicentenario

“Se da inicio a las festividades,
buenas o malas, fastuosas o pobretonas
(humildes pero cariñosas), invariablemente autocongratulatorias, 
pero ¿cómo se acallan también las inevitables críticas
que suelen acompañar o seguir a estos arranques
de efusividad extrema”.
(Alfredo Jocelyn-Holt)*

Suelo escuchar el podcast del programa radial Desde Zero, que conducen los periodistas Claudia Álamo, Patricio Fernández y el profesor y escritor Rafael Gumucio, en el que como en muchos otros de la mañana se comentan los hechos más relevantes de las noticias. Esta semana, a raíz del Bicentenario, Gumucio entrevistó a varios historiadores chilenos: Gabriel Salazar, Claudio Rolle, Alfredo Jocelyn-Holt, Sofía Correa Sutil y el controvertido Premio Nacional de Historia 2010 Bernardino Lira Bravo. En lo personal, me parece interesante el trabajo de confrontar las diferentes visiones  de estos 200 años de vida independiente, de la mano de aquellos que se dedican a su estudio; por lo que invito a escucharlos y a reflexionar en este Bicentenario.

“El Mito de la Caverna”

Gabriel Salazar, Se graduó en historia en la Universidad de Chile, realizando paralelamente estudios en filosofía y sociología. Después del golpe de estado de 1973, estovo detenido Villa Grimaldi hasta 1976, partiendo exiliado al Reino Unido, país donde continuó sus estudios para doctorarse en Historia Económica y Social en la Universidad de Hull. En Chile, a partir de 1985, comienza una sólida producción en torno a la historia social chilena, la que le valió el reconocimiento indiscutido de sus pares otorgándole el Premio Nacional de Historia 2006. Entre sus obras más reconocidos de encuentran: Ser niño “huacho” en la historia de Chile (1990), Labradores, peones y proletarios (1986), Construcción de Estado en Chile (2005), Del Poder Constituyente de Asalariados e Intelectuales (2009), Mercaderes, empresarios y capitalistas (Chile, siglo XIX) (2009), Del Poder Constituyente de Asalariados e Intelectuales (2009), entre otros.

Escuche aquí la entrevista.


“Estamos viviendo una etapa de sueños”

Claudio Rolle, es licenciado en historia de la Pontificia Universidad Católica, y doctor en historia de la Universidad de Degli Studi di Pisa. Su labor profesional se centra en el estudio de la historia de Europa y de la historia de la música popular, siendo parte del Programa de Estudios Histórico-Musicológicos de Universidad Católica. Entre sus publicaciones, destacan: La idea de la paz y los movimientos pacifistas europeos a fines del siglo XIX y comienzos del XX (1988), Historia del Siglo XX chileno (2001), La Vida Cotidiana de un año crucial (2003).

Escuche aquí la entrevista.


“Es bueno celebras 200 años de república”

Sofía Correa Sutil, estudió Pedagogía en Historia en la Pontificia Universidad Católica, para luego sacar un Ph.D en Historia en la Universidad de Oxford. Se desempeña como Académica de Derecho en la Universidad de Chile en el Pregrado y Doctorado. Entre sus trabajos se encuentran: Chile en el siglo XX (1990), Documentos del siglo XX chileno (2001), Con las riendas del poder: La derecha chilena en el siglo XX (2005), Ciudadanos en Democracia. Fundamentos del sistema político chileno (2010).

Escuche aquí la entrevista.


“Hoy día en la Araucanía hay una ocupación militar”

Alfredo Jocelyn-Holt, estudió Historia del Arte en la Universidad Johns Hopkins, donde obtuvo también un Máster en Estudios Humanísticos. Regresó a Chile en 1979 y en 1990 se tituló de Licenciado en Derecho en la Universidad de Chile. Además recibió el título de Doctor en Historia de la Universidad de Oxford en Inglaterra, el año 1992. Entre sus obras más relevantes se encuentran: La Independencia de Chile: tradición, modernización y mito (2009). Historia General de Chile, Tomo III, II y I: (2000 – 2008). El peso de la noche: nuestra frágil fortaleza histórica (1999). El Chile perplejo: del avanzar sin transar al transar sin parar (1998).

Escuche aquí la entrevista.


“Al chileno le gusta un gobierno fuerte, eficiente y realizador”

Bernardino Bravo Lira, estudió Derecho en la Pontificia Universidad Católica de Chile, titulándose como abogado en 1965. Posteriormente realizó estudios de postgrado en la Universidad de Münster. Este año 2010, recibió el Premio Nacional de Historia, despertando la controversia de sus pares debido a sus posturas conservadoras y sus vínculos con la dictadura de Pinochet. Entre sus publicaciones destacan: Fundamentos del Derecho Occidental (1970), Imagen de Chile en el siglo XX (1988), Editor Portales, el hombre y su obra. La consolidación del gobierno civil (1989).

Escuche aquí la entrevista.

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* “La cueca del Bicentenario o la fiesta recién comienza” Alfredo Jocelyn-Holt, La Tercera, 12 de septiembre de 2010.

01
Sep
10

TERCERA DECLARACIÓN PÚBLICA DE HISTORIADORES EN APOYO AL PUEBLO MAPUCHE

Como en otras dos oportunidades, un grupo de historiadores tanto chilenos como extranjeros, hacen un llamado de atención al Estado de Chile sobre la situación a la que se ve enfrentado el pueblo mapuche. Convocando además a historiadores, profesores de Historia y estudiantes de Historia, a manifestarse públicamente, el próximo martes 7 de septiembre, a las 12.00 horas en el frontis del Archivo Histórico Nacional.

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TERCERA DECLARACIÓN PÚBLICA DE HISTORIADORES

EN APOYO AL PUEBLO MAPUCHE

Los historiadores e historiadoras que suscribimos esta declaración nos vemos, una vez más, en la obligación moral de denunciar la sistemática política represiva que el Estado de Chile despliega en contra del pueblo mapuche. Las comunidades mapuche que han levantado como principales demandas la restitución de sus tierras ancestrales, el respeto a su condición de nación y el reconocimiento a su autonomía política, enfrentan hoy día una triple ofensiva represiva.

En primer lugar, policial. El territorio de la Araucanía continúa fuertemente militarizado, las comunidades son allanadas periódicamente y en la mayoría de las circunstancias sus habitantes son objeto de golpes, insultos y acciones de amedrentamiento. Los comuneros han denunciado, incluso, que sus viviendas son destruidas y sus alimentos y enseres son arrojados al piso. El trato que la policía brinda a mujeres, ancianos y niños es vejatorio y humillante. El despliegue policial, además, se caracteriza por el uso abusivo de un sofisticado arsenal, que incluye, helicópteros artillados, vehículos blindados, armamento automático y gases tóxicos.

En segundo lugar, los mapuche son objeto de una cuidadosamente orquestada ofensiva judicial. El Estado de Chile, a contrapelo de todos los tratados internacionales que ha suscrito, niega la existencia de un conflicto político en la Araucanía. En consecuencia, recurre a la legislación que dictara de manera espuria la dictadura militar (Ley 18.314 sobre conductas terroristas), para judicializar tanto las reivindicaciones como las movilizaciones del pueblo mapuche. Cabe señalar que 32 presos políticos mapuche se encuentran en huelga de hambre, en diferentes penales del sur del país, desde el 12 de julio de 2010. Este movimiento denuncia una serie de abusos e irregularidades de los cuales son objeto, entre las cuales destacan: torturas y vejámenes a los detenidos, montaje mañoso e ilegítimo de “pruebas” incriminatorias, uso de testigos encubiertos, doble procesamiento (tanto en tribunales de garantía como en tribunales militares) y solicitud por parte de las fiscalías de la aplicación de penas desmedidas en relación con los delitos que se les imputan. En el caso de Héctor Llaitul Carrillanca la Fiscalía de Cañete ha solicitado más 103 años de cárcel para el inculpado (sin contar los que está pidiendo la Justicia Militar). Cabe consignar que recientemente el cabo de carabineros Walter Rodríguez, responsable del asesinato del weichafe Matías Catrileo, en la zona de Vilcún en enero de 2008, fue condenado por la Corte Marcial a 3 años y un día de prisión. No obstante, este mismo tribunal dispuso concederle al asesino el beneficio de la libertad vigilada. Irregularidades y discriminación son la constante en los proceso que se siguen contra los mapuche encarcelados.

Por último, las comunidades mapuche enfrentan una ofensiva mediática. La mayoría de los grandes medios de comunicación del país, controlados por los mismos grupos económicos que depredan los recursos de la zona sur, no sólo han tendido un cerco de silencio en torno a las reivindicaciones de las comunidades en conflicto y a la larga huelga de hambre de los presos políticos mapuche; también han distorsionado groseramente el fondo y la forma de las movilizaciones y acciones de protesta que los mapuche han desplegado. La verdad irrefutable es que la violencia en la Araucanía ha sido protagonizada, fundamentalmente, por los aparatos de seguridad del Estado, mientras que las comunidades agredidas sólo han hecho uso (por lo demás con recursos operativos muy precarios), de su legítimo derecho a la autodefensa.

Convencidos de la necesidad de detener el accionar represivo del Estado en el sur de Chile y reconociendo el legítimo derecho de los pueblo originarios a la restitución de sus tierras usurpadas y a su autonomía social y política, los abajo firmantes convocamos a los historiadores, profesores de Historia y estudiantes de Historia, a manifestar públicamente estas denuncias el próximo martes 7 de septiembre, a las 12.00 horas en el frontis del Archivo Histórico Nacional.

Santiago, 1 de septiembre de 2010.

LISTA DE FIRMANTES AL 1 DE SEPTIEMBRE DE 2010

Sergio Grez Toso, Universidad de Chile.

Igor Goicovic Donoso, Director Magíster de Historia Universidad de Santiago de Chile.

Josep Fontana, catedrático emérito de la Universitat Pompeu Fabra, Barcelona, Catalunya.

Jorge Pinto Rodríguez, Universidad de la Frontera, Temuco.

Florencia E. Mallon, University of Wisconsin, Estados Unidos.

Julio Pinto Vallejos, Director Departamento de Historia, Universidad de Santiago de Chile.

Mario Garcés Durán, Universidad Santiago de Chile, Director ECO Comunicaciones.

Verónica Valdivia, Universidad Diego Portales.

Alberto Díaz Araya, Jefe Carrera de Historia y Geografía Universidad de Tarapacá, Arica.

Nelson Castro Flores, Jefe Carrera de Pedagogía y Licenciatura en Historia y Ciencias Sociales Universidad de Viña del Mar y profesor de la Universidad de Valparaíso.

Alexis Meza Sánchez, Vicerrector Académico Universidad ARCIS.

Claudio Barrientos, Director Escuela de Historia Universidad Diego Portales.

Luis Castro C., Director Carrera de Pedagogía en Historia y Ciencias Sociales Universidad de Valparaíso.

Pedro Rosas Aravena, Director Escuela de Historia y Ciencias Sociales, Universidad ARCIS.

Rodrigo Ruz Zagal, Jefe Archivo Histórico Vicente Dagnino, Universidad de Tarapacá, Arica.

Patrick Puigmal, Director del Programa de Estudios y Documentación en Ciencias Humanas (PEDCH) de laUniversidad de Los Lagos.

Carlos Gutiérrez P., Director Centro de Estudios Estratégicos.

Carlos Molina Bustos, Ministerio de Salud, responsable de la investigación histórica de la Unidad de Patrimonio Cultural del Ministerio de Salud, Chile.

Margarita Iglesias Saldaña, Directora de Relaciones Internacionales Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile.

Sergio Guerra Vilaboy, Presidente de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC) y profesor de la Universidad de La Habana.

Juan Guillermo Muñoz Correa, Universidad de Santiago de Chile.

Pedro Bravo Elizondo, Wichita State University, Kansas, Estados Unidos.

Francisco Peña Torres, Université Paris I, Panthéon- Sorbonne, Francia.

Carlos Contreras Painemal, Universitaat, Berlín, Alemania.

Jorge Magasich, Institut des Hautes Études des Communications Sociales, Bruselas, Bélgica.

José del Pozo, Université de Québec à Montreal, Canadá.

Augusto Samaniego Mesías, Universidad de Santiago de Chile.

Pablo Artaza Barrios, Universidad de Chile.

Pablo Aravena Núñez, Universidad de Valparaíso.

María Olga Ruiz Cabello, Universidad de Chile.

Marcela A. E. Cubillos Poblete, Universidad de La Serena.

Miguel Urrutia, Universidad de Chile.

Patricio Rivera Olguín, Universidad Arturo Prat, Iquique.

Rodrigo Sánchez Edmonson, Universidad de Chile.

Enrique Fernández Darraz, Universidad Alberto Hurtado.

Jaime Massardo, Universidad de Valparaíso.

César Leyton Robinson, Universidad de Chile.

Ángela Vergara Marshall, California State University, Los Angeles, Estados Unidos.

Carlos Ruiz Rodríguez, Universidad de Santiago de Chile.

Robert Austin, University of Melbourne, Australia.

Ernesto Bohoslavsky, Universidad Nacional de General Sarmiento/CONICET, Argentina.

César Cerda Albarracín, Universidad Tecnológica Metropolitana.

Luis Corvalán Márquez, Universidad de Valparaíso.

Susana Bandieri, Universidad Nacional del Comahue/CONICET, Neuquén, Argentina.

Daniel Palma, Universidad ARCIS.

Luis Galdames Rosas, Universidad de Tarapacá, Arica.

José Miguel Castillo Mora, historiador y concejal de Yecla (Murcia) España.

Fabio Moraga Valle, Universidad Autónoma de México, México.

Ernesto Bohoslavsky, Universidad Nacional de General Sarmiento/CONICET, Argentina.

Andrea Riedemann Fuentes, Universidad Libre de Berlín, Alemania.

Alberto Harambour Ross, Universidad Diego Portales.

Leonardo León Solís, Universidad de Chile.

Alfredo Lastra Norambuena, Universidad Arturo Prat, Santiago.

Nicolás Iñigo Carrera, Universidad de Buenos Aires.

Rolando Álvarez, Universidad de Santiago de Chile y Universidad ARCIS.

Iván Ljubetic Vargas, Centro de Extensión Luis Emilio Recabarren.

Jody Pavilack, University of Montana, Estados Unidos.

Carlos Mondaca Rojas, Universidad Arturo Prat, Iquique.

Pedro Canales Tapia, Universidad Pedro de Valdivia, La Serena.

María Eugenia Albornoz, Université de Lille III, Francia.

Claudio Pérez Silva, Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

Francis Goicovich, Universidad de Chile.

César Cerda Albarracín, Universidad Tecnológica Metropolitana.

Milton Godoy Orellana, Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

Marcelo Mella, Universidad de Santiago de Chile.

Manuel Fernández Gaete, Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

Sean Purdy, Universidade São Paulo, Brasil.

Yvette Lozoya López, Universidad de Santiago de Chile.

Maria Paula Nascimento Araujo, Universidade Federal do Rio do Janeiro, Brasil.

Horacio Tarcus, Universidad Nacional de San Martín, Argentina.

Eliana Ceriani Bórquez, Universidad de Valparaíso.

Eduardo Arias Nilo, Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación.

Mário Maestri, Universidade Paulista Federal, São Paulo, Brasil.

Franck Gaudichaud, Université Stendhal – Grenoble 3, Francia.

Claudio Díaz Pérez, Universidad de Valparaíso.

Salvador E. Morales Pérez, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, México.

Robson Laverdi, Universidade Estadual do Oeste do Paraná, Brasil.

Geni Rosa Duarte, acadêmica Universidade Estadual do Oeste do Paraná, Brasil.

Dina V. Picotti C., Universidad Nacional de General Sarmiento, Argentina.

Karen Alfaro Monsalve, Universidad Austral de Chile.

Viviana Gallardo P., Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

Jorge Cernadas, Universidad de Buenos Aires y Universidad Nacional de General Sarmiento, Argentina.

Marcos Fábio Freire Montysuma, Universidade Federal de Santa Catarina/Brrasil, Tesoureiro da Associação Brasileira de História Oral, Brasil.

Steven S. Volk, Professor of History Oberlin College, Oberlin, Ohaio, Estados Unidos.

Cristina Moyano Barahona, Universidad de Santiago de Chile.

Sean Purdy, Universidade de São Paulo, Brasil.

Fanny Barrientos Cruzatt, Universidad de Tarapacá.

María Graciela León Matamoros, Universidad Jaume I Castellón, España.

Eduardo Arias Nilo, Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación.

Margaret Power, Illinois Institute of Technology, Chicago, Estados Unidos.

Ariel Arnal, Academia de Historia de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, México.

Miguel Valderrama, Universidad ARCIS.

Guadalupe Álvarez de Araya, Universidad de Chile. Centro de Estudios Latinoamericanos (CELA) “Justo Arosemena”, Panamá.

Wilda Celia Western, Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

Carmen González Martínez, Profesora Titular de Historia, Universidad de Murcia, España.

Marisol Videla, Universidad ARCIS.

Gabriela Domecq, Universidad Nacional de General Sarmiento. Argentina.

Maximiliano Juan Pedrazzini, Universidad Nacional de Misiones. Argentina.

Lorena del Canto Flores, Universidad Bolivariana, sede Iquique.

Consuelo Figueroa, Universidad Diego Portales.

Danny Ahumada Vargas, Universidad de Santiago de Chile.

José Luis Cifuentes Toledo, profesor de Historia, Magíster de Historia y Ciencias Sociales.

Walter Delrio, Universidad Nacional de Rosario/CONICET, Argentina.

Myriam Olguín Tenorio, Universidad Cardenal Silva Henríquez y ECO Comunicaciones.

Marcos Fernández Labbé, Universidad Alberto Hurtado.

María Cristina Satlari, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, Argentina.

Germán Adolfo Morong Reyes, Doctor © en Estudios Americanos, Universidad de Santiago de Chile.

Paola A. Ligasacchi, Doctora © en Estudios Americanos, Universidad de Santiago de Chile.

Emilio Gonzalez, Universidade Tecnológica Federal do Paraná, Brasil.

Mónica Gatica, Universidad Nacional de la Patagonia, sede Trelew, Argentina.

Marcos Fábio Freire Montysuma, CFH / Universidade Federale Santa Catarina, Brasil.

Rubén Isidoro Kotler, Universidad Nacional de Tucumán – Asociación de Historia Oral de la República Argentina.

Ana T. Fanchin, Universidad Nacional de San Juan, Argentina.

Marcela Morales Llaña, Doctora © en Estudios Americanos, Universidad de Santiago de Chile.

Valeria Sonia Wainer, Universidad Nacional de General Sarmiento, Argentina.

Lucía Valencia, Universidad de Santiago de Chile.

Robson Laverdi, Universidade Estadual do Oeste do Paraná, Brasil.

Cristina Viano, Universidad Nacional de Rosario, Argentina.

Gustavo Bassin, Instituto Superior de Formación Docente 9-001 “Gral. San Martin”. Mendoza. Argentina.

Carolina Andaur, Dra. © El Colegio de México, México.

Robinson Silva Hidalgo, Doctor © en Historia, Universitat de Barcelona, Catalunya.

Ricardo López, Doctor © de Estudios Latinoamericanos Universidad de Chile.

Claudia Rojas Mira, Doctora © en Estudios Americanos, Universidad de Santiago de Chile.

Sandra Castillo Soto, Magíster © en Historia, Universidad de Santiago de Chile.

Francisca Giner Mellado, Magíster © en Estudios Latinoamericanos, Universidad de Chile.

Isidora Sáez Rosenkranz, Magíster © en Estudios Latinoamericanos, Universidad de Chile.

Claudia Videla Sotomayor, Magister © en Historia, Universidad de Chile.

Andrea Mella Azabache, Magister © en Historia, Universidad de Chile.

Everaldo de Oliveira Andrade, Universidade Guarulhos – São Paulo, Brasil.

Alondra Peirano Iglesias, profesora ayudante del Centro de Estudios Interdisciplinarios Uruguayos (CEIU), Universidad de la República, Montevideo, Uruguay.

Federico Iglesias, Becario de Docencia de la materia Historia del pensamiento latinoamericano y argentino, Instituto del Desarrollo Humano de la Universidad Nacional de General Sarmiento, Argentina.

Alejandro Brito Peña, Universidad de Concepción.

Carolina González Undurraga, Universidad de Chile.

Renato Hamel Alonso, Corporación Chilena de Estudios Históricos.

Fernanda Del Río Ortiz, Corporación Chilena de Estudios Históricos.

Julián Suzarte Galvez, Corporación Chilena de Estudios Históricos.

Enrique Riobó Pezoa, Corporación Chilena de Estudios Históricos.

Nicolás Sazo Arratia, Corporación Chilena de Estudios Históricos.

Gonzalo Aravena Hermosilla, Corporación Chilena de Estudios Históricos.

Nicolás Penna Vizcaya, Corporación Chilena de Estudios Históricos.

Cinthia Vargas Leiva, Corporación Chilena de Estudios Históricos.

Carlos Rojas Sancristoful, Corporación Chilena de Estudios Históricos.

Soledad Álamos Fuenzalida, Corporación Chilena de Estudios Históricos.

Sebastián Rico Díaz, Corporación Chilena de Estudios Históricos.

Elena Romero Pérez, Corporación Chilena de Estudios Históricos.

Andrés Rojas Böttner, Corporación Chilena de Estudios Históricos.

Juan Maureira Moreno, Corporación Chilena de Estudios Históricos.

Sebastián Leiva Flores, Universidad ARCIS y Universidad de Santiago de Chile

12
Feb
10

Recuerdos del Centenario Patrio


“Hacia 1900. Las élites “portalianas”
– lo mismo que los reyes borbones del siglo XVII-
sobrevivían su dominación comprando y vendiendo soberanía
y baratijas, a izquierda y a derecha, sobre cubierta o bajo cubierta.
(Gabriel Salazar, Julio Pinto)*

A meses de celebrar 200 años de la independencia de España, fecha que sin duda estará marcada por celebraciones, conmemoraciones e inauguraciones de todo tipo, bien vale la pena detenerse un momento a reflexionar y a recordar sobre lo que fue la conmemoración del centenario de nuestra independencia. En efecto, me parece sana esta reflexión no solo como un ejercicio de memoria histórica, sino, sobre todo, como un ejercicio ciudadano que nos permita avizorar los desafíos y esperanzas que abrigaban nuestros compatriotas en la primera década del siglo XX, y lo más importante, cómo han cambiado estos desafíos y esperanzas después de cien años.

Corría la primera década del siglo y el país se empezaba a reponer de las heridas causadas hace 19 años, que dejó como saldo desolador más de 4.000 muertos, el suicidio del presidente Balmaceda en la legación argentina, la capital saqueada por las hordas de aquellos que impusieron la derrota al proyecto gobiernista, y que en alianza con los intereses económicos ingleses marcaron la senda económica de los próximos 30 años. En un clima de complacencia y optimismo, la oligarquía de turno se felicitaba por los avances de un modelo -devenido después de la guerra civil en parlamentario- sustentado en la exportación de salitre, con el que se podía respaldar los avances en infraestructura y servicios públicos que gozaba el país (1). Las cifras, qué duda cabe, le daban al patriciado nacional una suerte de autocomplacencia sobre los múltiples logros y avances que el país experimentaba, producto básicamente de dos hechos: el desarrollo del norte salitrero, y la incorporación plena del territorio mapuche después de la llamada “pacificación”. El salitre estimuló el asentamiento de nuevos centros urbanos, lo que estimuló el comercio de cabotaje, así como una insipiente industrialización asociada al auge del ferrocarril, en continua expansión (2). La anexión del territorio mapuche (3) aportó al Estado la expansión de áreas cultivables, especialmente de trigo, lo que estimuló la agroindustria y la incorporación de nuevas razas ganaderas. Este crecimiento económico, permitió expandir la administración pública generando una incipiente clase media, se calcula que hacia 1880 el Estado contaba con 3 mil funcionarios, los que aumentaron a 13 mil en 1900, cifra que siguió creciendo empinándose a 27 mil en 1919.

Las ideas dominantes de la época se basaban en una suerte de progresismo, que amparado en la industrialización llevarían al país inevitablemente al desarrollo, muchos observaban que un país que dependía sólo de la exportación de materias primas, quedaba desprotegido a los vaivenes del precio que fijaban las grandes potencias. Por otra parte, la intelectualidad, entre los que se contaban figuras como Valentín Letelier, José Abelardo Núñez y Claudio Matte cruzaban armas con el sector más conservador del patriciado criollo, en torno al modelo educativo que se estaba adoptando y que sería la base del futuro Estado docente (4). Si bien las autoridades se felicitaban por el aumento progresivo en cobertura de nuestro sistema educativo (5), consideraban que era hora de que el Estado asegurara educación primaria obligatoria para toda la población, bajo un método racional que se apartara del enciclopedismo para sustituirlo por uno evolucionista, que tenía por particularidad el promover el método inductivo-deductivo, al que se denominaba procedimiento concéntrico.

Si miramos Santiago en el año del centenario, a primera vista aparece una ciudad moderna, con una clase política satisfecha de sus logros, las calles del centro cívico se iluminaban con energía eléctrica, los tranvías habían extendido la ciudad integrando las comunas de Providencia, Ñuñoa y Las Condes, hacia el oriente y La Granja y Puente Alto hacia el poniente. La élite, se reunía en los cafés céntricos y en el teatro Municipal donde podía mostrar su elegancia e ilustración en las galas de óperas, montadas por compañías que venían del extranjero. La fecha era esperada con el regocijo calmo de una clase satisfecha, que veía en los avances tecnológicos el reflejo de la tarea bien realizada, así en la medida de lo posible, se estaba sacando al país de la barbarie para endilgarlo por el camino de la civilización cristiana occidental. En efecto, las obras conmemorativas demuestran esta mirada, por una parte la inauguración del Museo de Bellas Artes en el Parque Forestal y la Estación Mapocho al poniente de Santiago; por la otra, el primer departament stores, Gath & Chaves (6), ubicada en la confluencia de Huérfanos con Estado. Pero, una nube negra vino a ensombrecer el alma del patriciado criollo, el presidente Pedro Montt Montt (7) falleció de un ataque cardiaco en Bremen Alemania, donde se encontraba medicándose de arteriosclerosis y arritmia cardiaca; su reemplazante, el vicepresidente Elías Fernández Albano (8) falleció poco después de un resfrío, el 6 de septiembre del mismo año. La situación se volvió compleja, a pocos días de dar inicios a las celebraciones del centenario el gobierno estaba acéfalo, pero rápidamente, un grupo de notables se reunió y consensuaron que la vicepresidencia la asumiera el ministro más antiguo del gobierno de Montt, la distinción recayó en el ministro de Justicia Emiliano Figueroa (9). En este ambiente, con múltiples delegaciones extranjeras, fiestas de gala en el Club Hípico, sin el presidente electo, se conmemoró el centenario patrio.

El otro Centenario


“… No podemos quejarnos del siglo que ha terminado anoche
su excelencia. Chile se ha formado en él como nación
independiente; se ha organizado en condiciones que le
ha dado nombre en el mundo, por la bondad y firmeza
de sus instituciones, por la seriedad de sus gobiernos,
por el patriotismo de sus hijos”
(La Libertad Electoral)**

 
“Querer contener al pueblo por medio de la violencia,
es como poner atajo a un río: las aguas se detendrán por de pronto
ante el obstáculo, pero luego crecerán, rebasarán el obstáculo y
por fin, con ímpetu avasallador, saltarán por él y seguirán
su camino arrastrándolo consigo”.
(Arturo Alessandri Palma)***

Sobre la dicotomía brutal que vivía la sociedad chilena en la primera década del siglo XX existe una amplia bibliografía al respecto, que se manifestó en lo que Augusto Orrego Luco denominó “La Cuestión Social”. Lo que se traducía, por una parte en un autocomplaciente patriciado agrario mercantil, y por la otra, el bajo pueblo que a fines del siglo XIX empezó a incorporarse a la insipiente producción capitalista, en torno a la minería nortina así como a producción fabril en las grandes ciudades, particularmente Santiago y Valparaíso. Esto es expresión no sólo de un régimen de explotación capitalista brutal e inhumano, sino también de la soberbia egocéntrica de la oligarquía nacional que se felicitaba de los grandes logros del centenario, y no era capaz de ver lo que estaba pasando a su alrededor, ver la miseria que se desenvolvía en los rancheríos, poblaciones callampas, conventillos y cités que florecían en los  arrabales de las ciudades; situación que hacía destacar a Santiago como una de las ciudades de más alto índice de mortalidad infantil de América Latina. El diagnóstico que hacía la clase política, se basaba fundamentalmente en el relajo moral por el que atravesaba la sociedad, producto de la propagación de ideologías foráneas tales como el socialismo y el anarquismo, ante lo cual el sector conservador proponía la caridad y la religión como solución; en tanto, el sector denominado liberal, planteaban como única solución la educación, entendida como el gran agente civilizador y socializador. A la fecha de la conmemoración del centenario, el descontento popular se hacía evidente, generando un poderoso proceso politizador desde afuera de la formalidad oficial, a la que criticaba duramente. Ese pueblo no oficial, había logrado organizarse en mutuales, mancomunales, sociedad de socorros mutuos, en el año 1909 se había creado la Federación Obrera de Chile (FOCH), en el año 1906 intentó colocar sin éxito en el parlamento a Luis Emilio Recabarren, situación que fue objetada por los diputados, debido a que Recabarren se negó a jurar en nombre de dios, aduciendo su condición de agnóstico. A la fecha, la organización popular estaba en plena maduración, crecimiento que no fue gratuito, a la explotación, la clase obrera debió padecer un rosario de masacres como única respuesta a sus demandas, la matanza de los obreros marítimos de Valparaíso de en 1903, la matanza del impuesto a la carne en Santiago (1905), la masacre de la Plaza Colón en Antofagasta (1906), la matanza de la Escuela Santa María de Iquique (1907). El trabajo asalariado se practicaba sin los más mínimos resguardos y protección, recordemos que a la fecha sólo existían dos leyes sociales: la ley de habitaciones obreras de 1906 y, la ley de descanso dominical de 1907.

La evidencia histórica de hace 100 años nos demuestra la existencia de una sociedad fragmentada socialmente, con una clase dirigente oligarquizada, tecnócrata, autocomplaciente y orgullosa. El prejuicio de las elites sólo alcanzó a ver lo que Vicuña Mackenna denominó: el “Santiago propio, la ciudad ilustrada, opulenta, cristiana”, y por la otra parte, el bajo pueblo: “una inmensa cloaca de infecci6n y de vicio, de crimen y de peste, un verdadero potrero de la muerte”. Por su parte, el pueblo, agotado y abrumado por la explotación empezó a buscar formas diferentes de asociatividad política, formas que sobrepasaran los márgenes del autoritarismo ilegítimo impuesto por Portales hace 77 años (10). Pasaron tan sólo 10 años, y los “potreros de la muerte” fueron capaces de congregarse en el escenario público haciendo sentir su poder soberano. En efecto, en 1918 se constituyó la Asamblea Obrera de Alimentación Nacional (AOAN) (11); a finales de enero de 1925, se organizó la Asamblea de Obreros, Estudiantes y Profesores (OEAP), la que dio paso, el 8 de marzo del mismo año, a la convocatoria de una Asamblea Popular Constituyente de asalariados e intelectuales. La  soberbia institucional volcó al país a generar profundos cambios en sus estructuras políticas, que pusieron fin la Constitución portaliana y sumieron al país en un proceso de inestabilidad hasta entrada la década del 30, del siglo XX.

A modo de Conclusión

No me parece oportuno sacar conclusiones, siempre es mejor que el lector realice las suyas. Solo me gustaría llamar la atención a los desafías del Chile de la primera década del siglo XX, las que se expresaban en la necesidad de un “progresismo industrializador” que permitiera al país apartarse de las crisis cíclicas que golpeaban a los países productores de materias primas; la educación, era sin duda la gran preocupación de los sectores medio y progresistas de la época; por último, la participación y legitimidad del régimen político, que permitiera incorporar soberana y democráticamente a todo el pueblo.

Un pensador decía que los grandes hechos se producían dos veces, la primera vez como tragedia y la segunda vez como farsa. Es verdad, que duda cebe, muchas cosas han cambiado –muchas de ellas para mejor-, pero, básicamente nuestras preocupaciones siguen siendo las mismas. Seguimos siendo un país productor de materias primas; tenemos cobertura educativa, pero bajo un sistema inequitativo y de baja excelencia para la gran mayoría del país; aun no hemos podido consolidar un sistema democrático que sustente su legitimidad en un proceso verdaderamente soberano, que dé garantías de unidad nacional a todos los ciudadanos. La historia no siempre se repite de igual forma, pero, ojalá no olvidemos las lecciones que esta nos entrega.

* Gabriel Salazar, Julio Pinto: “Historia contemporánea de Chile I: Estado, legitimidad, ciudadanía”. Tomo I. Edit LOM, 1999.

** Diario La Libertad Electoral, enero de 1901.

*** El caudillo de Tarapacá, en Cámara de Diputados, sesión extraordinaria, dos de enero de 1908.

Bibliografía

1.- Historia del siglo XX Chileno. Sofía Correa, Consuelo Figueroa, Alfredo Jocelyn-Holt, Claudio Rolle, Manuel Vicuña. Ed. Sudamericana.

2.- Gabriel Salazar y Julio Pinto. Historia Contemporánea de Chile, Tomos I –V. Ed. LOM.

3.- Gabriel Salazar. Del Poder Constituyente de Asalariados e Intelectuales (Chile, siglos XX y XXI). Edit. LOM.

4.- Armando de Ramón. Historia de Chile. Ed. Catalonia.

5.- Armando de Ramón. Santiago de Chile (1541-1991) Historia de una Sociedad Urbana. Ed. Sudamericana.

6.- Dr. J. Valdés Canje. Chile Íntimo en 1910. Imp. Universitaria.

7.- Julio Pinto, Verónica Valdivia. ¿Revolución Proletaria o querida chusma? Socialismo y Alessandrismo en la pugna por la politización pampina (1911 – 1932). Ed. LOM.

8.- Fernando Pinto Lagarrigue. Crónica Política del Siglo XX. Desde Errázuriz Echaurren hasta Alessandri Palma. Ed. Orbe.

8.– José Bengoa. Historia de un Conflicto. Los Mapuches y el Estado nacional durante el siglo XX. Ed. Planeta.

Notas

1.- En el período, el impuesto al salitre alcanzaba a un 40% de su valor de exportación.

2.- En 1911, el territorio nacional está unido longitudinalmente desde Pintados (95 Km. de Iquique) hasta Puerto Montt.

3.- La llamada pacificación de la Araucanía tiene su génesis a partir de 1866, proceso que culmino su fase bélica en 1884, para dar paso a la radicación del pueblo mapuche en reservaciones mediante títulos de merced.

4.- A partir de 1889 se empezó a implementar en forma en forma experimental el método concéntrico, para luego, en 1893, extenderlo a todo el país.

5.- Según cifras de la época, en 1880 había cerca de 500 personas dedicadas a la educación pública, en 1930 la cifra llegó a 12.650. En 1895, había 150.000 alumnos en 1.300 colegios fiscales; en 1925, había 500.000 estudiantes repartidos en 3.500 establecimientos fiscales.

6.- Gath & Chaves, almacén anglo-argentino, ubicado en la esquina de Estado y Huérfanos, fue la tienda que inauguró el retail en Chile. Una revolución traída desde afuera, que tiene su abrupto final en 1952 luego de que una huelga definió el cierre de la mítica tienda.

7.- Hijo del presidente Manuel Francisco Antonio Julián Montt Torres (1851 – 1856), llegó al poder por la Alianza Liberal en 1906 y gobernó hasta su muerte, en 1910.

8.- Ingresó a la política como representante del Partido Nacional, integrando los gabinetes de los presidentes Riesco, Errázuriz Echaurren y Montt.

9.- Balmacedista, fue diputado por Melipilla, Ministro de Justicia, presidente subrogante para el centenario, embajador y por último, presidente de la república entre 1925 a 1927.

10.- Para una mayor comprensión ver en: El Drama de constituyente en la Historia de Chile. ( https://guillermobastias.wordpress.com/2009/10/16/el-drama-de-la-constituyente-en-la-historia-de-chile/ ).

11.- Fundada en 1918, integrada por: La FOCH, federaciones metalúrgicas, agrícolas y comerciantes, sindicatos de choferes y de ferrocarriles, agrupaciones de mujeres y estudiantiles entre otras.

16
Oct
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El Drama de la Constituyente en la Historia de Chile

A un año de celebrarse el bicentenario de la independencia de nuestro país, me parece necesario reflexionar sobre la trayectoria política de esta ya no tan joven república. En efecto, quiero poner en el acento un tema cardinal que dice relación con el grado de legitimidad de nuestra institucionalidad, no la actual, sino la de estos últimos doscientos años. En este sentido el análisis debe centrarse en el carácter democrático que ha normado nuestra convivencia ciudadana, plasmada en le legitimidad de nuestra vida constitucional; constituciones que en su gran mayoría han nacido bajo la presión ejercida por las fuerzas armadas o las oligarquías de turno que se disputaban el poder estatal.

No pretendo hacer un juicio de valor, sino por el contrario, remitirme a la evidencia histórica de estos 200 años, la que demuestra palmariamente que en nuestro país no ha existido ningún ordenamiento constitucional que haya tenido su génesis en una expresión verdaderamente democrática. Por el contrario, las que nos han regido por más tiempo, han emergido bajo fuertes períodos de convulsión interna donde su promulgación ha carecido de procesos constituyentes que las legitimen democráticamente. Para afirmar este punto, de las 10 constituciones que ha tenido nuestro país, las he divido en tres grupos a saber: las de emergencia, las bien intencionadas y las militaristas.

El primer grupo, abarca un período de 10 años -de 1811 a 1822- (1), el que estará marcado en una primera fase pAbdicación-de-O`higginsor las constituciones de los años 1811, 1812 y 1814, que corresponden al periodo de la independencia. Estos reglamentos tratarán de generar sobre la marcha un status jurídico sobre la naciente república, las que reflejarán las posturas disidentes en el seno de la aristocracia nacional, particularmente santiaguina. Caso emblemático de este período resulta la constitución de 1812, que fue ratificada por un grupo de santiaguinos de “alta alcurnia” que votaban bajo la convocatoria de una invitación (2). La segunda fase abarca las constituciones de 1818 y 1822, que estarán marcadas bajo la férula del autoritarismo ohiguinista que gobernará con un grupo de la aristocracia nacional. Una vez más la constituyente dejará fuera no solamente al pueblo, sino a una incipiente clase media integrada por artesanos, funcionarios del estado y profesionales.

20080606klphishch_2_Ies_SCOEl segundo grupo, abarca sólo 5 años, caracterizándose por una mirada liberal de la burguesía progresista de la época. Esto se reflejará en dos constituciones, la de 1823 que incorporará el voto a la clase media integrada por letrados pobres, sacerdotes, oficiales de bajo rango, empleados públicos, mineros y otros empresarios (3). La constitución de 1828, bajo sello liberal / Democrático, va más allá de su predecesora instaurando en la práctica el voto universal para el género masculino, casados mayores de 21 y solteros mayores de 25 años (4). La falta de unidad del patriciado nacional para concebir un modelo de desarrollo institucional, generó profundas divisiones entre sectores liberales y conservadores, lo que precipitará la derrota del progresismo dando origen al tercer grupo.

El tercer grupo abarca un período de 176 años hasta hoy día, bajo el dominio de tres constituciones, la de 1833, la de portales21925 y la de 1980. La primera, se origina fruto del levantamiento armado de un sector del patriciado mercantil chileno, en contra del patriciado liberal, el cual se toma el poder después del triunfo en la batalla de Lircay. Estamos en presencia de un golpe de estado, en el cual el general que encabeza el bando pelucón estanquero, asume como presidente de la república después de derrotar militarmente a sus enemigos; será este bando, el que pasando a llevar la constitución de 1928,vigente todavía, promulgará la Constitución del 33. La discusión del proyecto y su posterior promulgación, se dará en un clima de represión, exilio y encarcelamiento del bando derrotado, con guardias civiles que operaban como policía política en contra de la disidencia (5).

0,,1_147604432_165,00Para comprender el nacimiento de la constitución de 1925, debemos tener en consideración dos elementos que determinaran el cambio del parlamentarismo al presidencialismo. El primero, es el que se conoce con el nombre de La Cuestión Social, “fenómeno que consistió en la aparición, y correspondiente reconocimiento social, de una nueva forma de pobreza asociada a la vida urbana y a la consolidación de la producción capitalista” (6); que hacía 1920 producto de sangrientas luchas había logrado enfrentar a la oligarquía financiera atrincheraba en el parlamento, posibilitando devenir la cuestión social en cuestión política. Al triunfo del socialismo en la Rusia zarista, se agregaba que trabajadores, artesanos y pequeños propietarios contaban a la fecha con periódicos para difundir sus ideas, partidos políticos, federaciones obreras y de empleados, que empezaban a manifestarse por cambios profundos en la arquitectura institucional, “… diversos grupos de ciudadanos se movieron para ‘generar’ la política desde la propia bese civil. Eso fue lo que impulsó la Liga de Acción Cívica, desde 1912, exaltada por Roberto Huneeus. En la misma dirección se movía la Federación Obrera encabezada por Luis Emilio Recabarren, llamando a una Asamblea Constituyente para refundar el Estado al margen de los políticos. Al margen de los políticos se movía también la sección chilena de IWW. Las ligas de arrendatarios (conventilleros) y las primeras asociaciones de profesores descartaban ‘la pretendida virtud de los medio políticos’(7). El segundo elemento para entender la crisis institucional, está signado por la denominada Crisis de Representatividad del Régimen Parlamentario, la que se vio incrementada por las desastrosas consecuencias que trajo para nuestra economía el fin de la primera guerra mundial y el descubrimiento del salitre sintético, todo esto en el marco de la elección presidencial de 1920. En palabras de Gabriel Salazar, era una “crisis combinada de representatividad y de legitimidad, unida a la demanda por ‘la Constituyente’, indican que la coyuntura tenía, hacia 1920, un inconfundible carácter cívico pre-revolucionario. Lo que era, por cierto, mucho más que una agitada ‘campaña electoral’(8). Es en este contexto social donde resulta electo Arturo Alessandri, quien provenía del patriciado aristocrático del parlamentarismo chileno, y que llega premunido de un conjunto de propuestas que pretendían aminorar la grave carga social que enfrentaba la mayoría de la población; propuestas que “pretendían armonizar las relaciones entre le capital y el trabajo mediante una legislación adecuada que abarcara contratos laborales, previsión social, organización de sindicatos y derecho a huelga” (9). Estos planteamiento, si bien necesarios, fueron torpedeados contumazmente por el parlamento que, encerrados en su burbuja se negaban a ver la crisis a la que se enfrentaban. Esta situación no fue ajena a un grupo de oficiales jóvenes, que azuzados por el caudillo de Tarapacá realizó en los primeros días de septiembre de 1924 un golpe blanco al acudir a una reunión del parlamento y hacer sentir su malestar haciendo resonar sus sables contra el piso, episodio conocido en nuestra historia como el ruido de sables. Si bien el “episodio militar” logró destrabar las leyes que se encontraban en el parlamento y abrir una puerta a la reforma de la Constitución, Alessandri sintió vulnerada su autoridad y, con la autorización de sus pares en el parlamento, se tomó un permiso para viajar a Europa. El 10 de septiembre Alessandri hace abandono del país y, al día siguiente, el 11 de septiembre, un grupo de oficiales conservadores se toman el poder, instaurando una Junta Gobierno cuya primera medida será el cierre del Congreso y convocatoria a elecciones presidenciales y parlamentarias. Esta situación no dejará conformes a la oficialidad joven, herederos del ruido de sables, la que originará un nuevo golpe que depondrá a la Junta Militar y pedirá el regreso de Alessandri para iniciar los pasos de una Asamblea Constituyente. Vuelto al país, el caudillo, con todo el poder en sus manos, el congreso cerrado, con la oficialidad joven y el pueblo apoyándolo acometió a la tarea de dictar una nueva Constitución. El problema recaía en cómo hacerlo, si Alessandri optaba por una Asamblea Constituyente el resultado se veía confuso para la clase política a la cual pertenecía el presidente. Más, contrario a las promesas que había realizado a su vuelta del autoexilio Alessandri no convocó a una Constituyente, tan sólo “designó un Comité formado mayoritariamente por políticos y no por representantes directos de la ciudadanía. Y ese comité redactó la Constitución de 1925” (10). La Constitución fue sometida a plebiscito el 25 de agosto de 1925, con los abiertos llamados a abstención por parte de los partidos Conservador, Comunista y Radical. De los 302.304 inscritos en los registros electorales, votaron sólo 134.421, de los cuales 128.381 lo hicieron por el proyecto alesandrista, lo que deja una abstención de un 50% de personas que teniendo derecho a voto, por alguna razón no hicieron.

La actual Constitución, la de 1980, viene a ser el corolario de nuestra historia Constitucional, vale decir, la imposiciónpinochet_junta forzada de las normas que regirán el Estado. En efecto, valga decir que en el momento mismo del golpe de Estado se deja sin vigencia la Constitución del 25. Pero, el proyecto que se plebiscitó el año 80 tuvo su génesis pocos meses después del pronunciamiento golpista del 1973,  cuando la Junta militar nombra una comisión a cargo del jurista Enrique Ortúzar (11) para estudiar una nueva Constitución. Cinco años después, se entregó a la comisión Ortúzar, como se le conoció, las indicaciones de Jaime Guzmán para que se elaborara el proyecto de Constitución (12). Un año más tarde, 1978, la comisión Ortúzar evacuó el anteproyecto constitucional, el que fue enviado al Consejo de Estado integrado por personeros designados por el gobierno de facto, entre los que se encontraban los ex presidentes Jorge Alessandri (13) y Gabriel González Videla (14). El 26 de junio de 1980, el “flamante Consejo” entregó la nueva Constitución, la cual pasó a un grupo de estudio encabezado por la Ministra de Justicia y sobrina del dictador, Mónica Madariaga, ella fue asesorada por cuatro auditores militares que, en forma minuciosa introdujeron 175 cambios que daban cuenta de las distintas visiones al interior del régimen (15). Realizado el trámite de corrección la Constitución pasó a la Junta de Gobierno, integrada por los tres Comandantes en jefes de las diferentes ramas castrenses y el Director Gral. de Carabineros (16). La “honorable” junta evacuó el proyecto con fecha 10 de agosto, para un día después, mediante cadena nacional comunicar que la Constitución se plebiscitaria el 11 de septiembre de 1980. Demás está decir, a esta altura como de costumbre, que la votación se llevó a efecto con estado de emergencia, sin partidos políticos, sin libertad de prensa y asociación, en un clima de terror y amedrentamiento por parte de la policía política a los detractores. El resultado obvio fue el siguiente: votos por el “Sí” a la nueva Constitución, 4.204.879 (67,04%); por el “No” (rechazo), 1.893.420 (30,19%); nulos, 173.569 (2,77%).

A manera de conclusión, nos parece interesante entregar la opinión del Premio Nacional de Historia 2006, Gabriel Salazar, quien dice:

“Al hacer un el balance de los procesos de construcción de Estado en Chile, resta un saldo neto de anomalías, que denotan ilegitimidad. Son entre otras las siguientes”.

“En primer lugar, en cada uno de dichos procesos, se observan intervenciones de rasgo dictatorial por parte de las Fuerzas Armadas. Se observa también que, en el contexto de esas intervenciones, los miembros de los Comités Constituyentes (en Chile no ha funcionado jamás una Asamblea Constituyente elegida por el pueblo) fueron designados por la autoridad, no electos por la ciudadanía. Los proyectos de Estado que esos comités, a puerta cerrada, discutieron y acordaron, fueron finalmente impuestos a la nación sin deliberación informada, y dentro de una atmósfera militarmente controlada”. (17)

La doctrina moderna en derecho político, define al pueblo como titular del Poder Constituyente no de ahora, sino de 1787 con la promulgación de la Constitución Norteamericana y, refrendada después por la Revolución Francesa. Las Constituciones que se establecen reconociendo la titularidad del pueblo en el ejercicio del Poder Constituyente, son denominadas democráticas, en palabras de Thomas Paine “Una Constitución no es el acto de un gobierno, sino de un pueblo que constituye un gobierno, y un gobierno sin una Constitución es un poder sin derecho” (18).

A la luz de lo expresado, me pregunto cuál sería el mejor regalo que podríamos entregarle a esta ya adulta nación, claro, estarán los edificios elefanticos, carreteras y otras obras públicas. Pero, no será necesario pensar en hacerle un regalo cívico a la patria, un regalo que nos permita revertir el drama de legitimidad de estos últimos 200 años, no será necesario crear, por primera vez en nuestra historia una Asamblea Constituyente que de origen a un Estado legítimo… puede ser un buen regalo.

Notas

1.- Constituciones de 1811, 1812 y 1814, corresponde a la denominada Patria Vieja. Las de 1818 y 1822 inauguran la Patria Nueva.

2.- Ver en Historia de las instituciones políticas y sociales de Chile, Jaime Eyzaguirre. Editorial Universitaria, 1992.

3.- Ver en Construcción de Estado en Chile (1800-1837), Gabriel Salazar. Editorial Sudamericana, 2005.

4.- Íbid., op. cit.

5.- Para un análisis más detallado ver en “Construcción de Estado en Chile…” (op. cit) y “El peso de la noche: nuestra frágil fortaleza histórica”, Alfredo Jocelyn-Holt. Ariel, 2000.

6.- ¿Revolución Proletaria o querida chusma?, Julio Pinto, Verónica Valdivia. LOM Ediciones, 2002.

7.- Historia Contemporánea de Chile I, Gabriel Salazar, Julio Pinto. LOM Ediciones, 1999.

8.- Ibíd. Op. Cit.

9.- Historia del siglo XX chileno, Sofía Correa, Consuelo Figueroa, Alfredo Jocelyn-Holt, Claudio Rolle, Manuel Vicuña. Edt. Sudamericana, 2001.

10.- Historia Contemporánea de Chile I, op. Cit.

11.- Enrique Cornelio Ortúzar Escobar (1914 – 2005), abogado constitucionalista, ministro del Gobierno de Jorge Alessandri Rodríguez en las carteras de interior, justicia y RR. EE.

12.- La historia oculta del régimen militar. Memoria de una época 1973 – 1988, Ascanio Cavallo, Manuel Salazar y Óscar Sepúlveda. Editorial Randomhouse-Mondadori, 2004.

13.- Jorge Alessandri Rodríguez (1896 – 1986), hijo de presidente Arturo Alessandri, gobernó Chile entre los años 1958 a 1964.

14.- Gabriel González Videla (1898 – 1980), gobernó Chile entre los años 1946 a 1952.

15.- Ibíd. Op. Cit.

16.- La integraban Augusto José Ramón Pinochet Ugarte (ejército), Fernando Jorge Matthei Aubel (fuerza aérea), José Toribio Merino Castro (armada), César Leonidas Mendoza Durán (carabineros).

17.- SALAZAR, Gabriel. Construcción de estado en Chile: la historia reversa de la legitimidad. [Artículo]. En  Proposiciones Vol.24. Santiago de Chile : Ediciones SUR, 1994.  Obtenido desde: http://www.sitiosur.cl/r.php?id=578. [Consultado en: 15-10-2009]

18.- Los Derechos del hombre, Thomas Paine. Aguilar, 1963.