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Nov
10

Los claroscuros de los Primera Generación en llegar a la Universidad


“La primera igualdad es la equidad”.
(Víctor Hugo)

En el último número de la Revista Calidad en la Educación (1), aparece una interesante indagación de los investigadores del PNUD Jorge Castillo y Gustavo Cabezas (2), en el cual indagan sobre un grupo significativo de jóvenes que han pasado a ser el símbolo de las políticas educativas de los últimos 30 años. Los llamados Primera Generación en ingresar a la Educación Terciaria (PG), considerados un símbolo de la movilidad social y el éxito más notorio del actual modelo educacional. En efecto, el incremento en la oferta de educación terciaria, aducen sus partidarios, ha aumentado notoriamente en los últimos años estimándose que 7 de cada diez estudiantes que ingresa a la educación superior es PG (3), lo que genera un proceso de movilidad social sin precedentes en nuestra historia. La investigación, aporta datos interesantes que sirven para conocer quiénes son estos PG, de dónde vienen, contra quién compiten y, lo más importante, cuántos logran egresar del sistema y a qué costos.

Los duros datos…

El estudio está basado en la Encuesta Preliminar de Estudiantes 2009, realizada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en conjunto con el Ministerio de Educación, quienes siguieron la trayectoria de 1.599 jóvenes a través de todo el país, a partir del año 2003 cuando cursaban segundo medio hasta el año 2009 cuando tenían cuatro años de egreso de la enseñanza media (4). Para definir las características de los jóvenes se les dividió en tres categorías, tomando como antecedente la educación máxima de los padres y de los encuestados; los PG, equivalieron al 41% del total de los entrevistados; los Jóvenes Reproductores (JR), aquellos cuyos padres no tienen educación terciaria y ellos tampoco lograron acceder a ella, grupo que asciende al 34,1% del total; los Jóvenes Herederos (JH), que al igual que sus padres lograron acceder a la educación superior, grupo equivalente al 22,6% del total.

Existen dos datos claves para analizar a los PG, el nivel de escolaridad de los padres y el acceso a la educación preescolar; en el caso de la primera, se observa que a mayor escolaridad de los padres, mayor es la proporción de estudiantes que logra acceder a la educación superior (5); en tanto en la segunda, las cifras indican que un 62,5% de los PG en su infancia asistieron a prekinder. En cuanto al tipo de educación en que cursaron estudios los PG, asoma en primer lugar la educación pública con un 47,4%, seguida por la particular subvencionada con un 40,3%, luego las corporaciones privadas con un 8%, y una porción muy pequeña desde los particulares pagados con un 4,3%. Respecto a su desempeño académico, es posible observar que los PG tienen una ponderación promedio cercano a los 252 puntos, la media nacional en el SIMCE, muy lejano todavía a los JH que promedian cercano a los 295 puntos promedio. Sobre el tipo de institución superior que eligen los PG los datos son también significativos, un 35,9% los desarrolla en Institutos Profesionales, un 28,4% en Universidades privadas, un 19,3% en Universidades tradicionales, y un16,4% en Centros de Formación Técnico (6). Pero cómo financian sus estudios terciarios los PG, la encuesta demuestra que un 49% lo hace con apoyo familiar, un 23% con la contratación de crédito universitario (7). En cuanto a las áreas disciplinarias que eligen los PG, estas se concentran en la Administración y Comercio, Educación y Tecnología (8); al punto que, cerca de un estudiante de cada cuatro cursa estudios de pedagogía.

Hasta aquí hemos seguido la trayectoria de jóvenes que con mucho esfuerzo han llegado a la educación superior, pero, cuántos de estos PG logran el tan ansiado título, cuántos lograron egresar de la enseñanza superior. En este sentido el estudio demuestra datos a lo menos preocupante, del total de jóvenes PG, un 20,4% desertó, en comparación al 7,4% del grupo de JH. Esto significa que accedieron a estudios de educación superior y que en algún momento los abandonaron, y que hasta el momento de realizada la encuesta no han vuelto a retomarlos. Otra forma de entender este fenómeno es diciendo que del total de jóvenes que desertaron, un 83% de ellos son estudiantes PG. Ahora bien, una de las principales causas de esta alta tasa deserción en los jóvenes PG, radicaría en problemas de tipo económico, un 52%, lo que se traduciría en la imposibilidad de seguir afrontando los costos que implica la educación terciaria en Chile, una de las más caras en relación con los países que integran la OCDE (9).

Conclusión

El estudio sigue la trayectoria de jóvenes de bajos recursos económicos, el promedio de ingreso de sus padres bordea los 250 mil pesos mensuales, sin embargo sus familias apostaron por la educación de sus hijos, son jóvenes que están dentro del 45% del mejor rendimiento de sus cursos, el 85% jamás repitió un curso; sin embargo son frágiles, llegan a la educación superior con serias falencias académicas lo que les dificulta el desarrollo normal durante los primeros años, deben además contratar onerosos créditos o trabajar en el día para solventar sus gastos. Según la directora académica de la Universidad Andrés Bello, Danae de los Ríos, “la deserción tiene costos emocionales y financieros que son más graves en los alumnos de menores recursos. Entre ellos, hay desconocimiento de cómo operan las instituciones. Por ejemplo, hay familias que venden sus casas y la deserción los deja sin patrimonio, además experimentan la sensación de abandono y fracaso” (10).

Durante los últimos años hemos escuchado, en boca de las autoridades de hoy así como las de ayer, hacer gárgaras con el exitoso aumento de los PG en la educación terciaria y como este éxito estaría acortando la brecha entre ricos y pobres, en definitiva se trata de demostrar que en educación las cosas se están haciendo bien. Sin embargo, este estudio está dejando ver algunos grises preocupantes que demuestran que estos jóvenes, después del esfuerzo propio y el de su grupo familiar logran llegar a la educación terciaria, pero siguen sufriendo la segregación que los acompañó en la infancia, en el colegio y ahora en la educación superior.

RA.: Descargue informe aquí.

 

Notas

1.- Revista publicada por Consejo Nacional de Educación, número 32, 1° Semestre año 2010.

2.- Jorge Castillo y Gustavo Cabezas, “Caracterización de Jóvenes primera generación en Educación Superior. Una Nueva Trayectoria hacia la Equidad Educativa”. Revista Calidad en la Educación, número 32, 1° Semestre año 2010.

3.- Pilar Armanet, “Formación Universitaria para el siglo XXI”. En Foco. n° 44, Expansiva, 2005.

4.- Fueron entrevistados 1.599 jóvenes a través de todo el país, a los cuales se les aplicaron ocho módulos para conocer sobre sus historias educacionales (educación básica, media y superior), capacitaciones, trayectoria laboral, salud, situación personal, información de sus hogares, características de la vivienda y habilidades generales; a esta información fueron agregados datos del Registro de Estudiantes de Chile (REC) desde segundo medio hasta el momento de abandonar la enseñanza escolar (ya sea que egresaran o no de cuarto medio). Además, los puntajes y cuestionarios de la prueba SIMCE de segundo medio 2003 y los resultados PSU de quienes la rindieron el 2005 y/o 2006.

5.- Entre los jóvenes que tienen padres con educación básica incompleta la proporción de éstos que logran ingresar a la educación superior es de sólo un 32%, entre quienes tienen la educación básica completa es de 41,6%, para los padres con enseñanza media incompleta esta llega al 49% y finalmente, entre los padres que lograron completarla la proporción llega al 69%.

6.- Es interesante comparar estos datos con lo mostrado por los JH, que distribuyen su ingreso a la educación superior en un 42,3% a las Universidades Privadas, un 38,6% a las Universidades tradicionales, 14,4% a los Institutos Profesionales, y un 4,7% a los Centros de Formación Técnica.

7.- Relativamente similar al de los JH, 68% y 16% respectivamente.

8.- Educación 28,6%; Tecnología 23,8%;  Administración y Comercio 18,1%; Salud 9,0%; Derecho 6,9%; Ciencias Sociales 4,8%; Arte y Arquitectura 4,6%; Recursos Naturales 3,1%; Humanidades 1,0%; Ciencias 0,4 3,0%.

9.- Sobre este punto es importante mencionar que en Chile “los costos de los estudios es considerablemente más alto que en los países OCDE que cobran aranceles”, como lo señala el informe de la OCDE sobre “La Educación Superior en Chile” del año 2009. Este informe nos muestra, por ejemplo, que si se compara el nivel de los aranceles con el ingreso per cápita del país, Chile es casi dos veces más caro que Corea y tres veces más que Japón, Estados Unidos y Australia.

10.- La Tercera. 7 de noviembre de 2010, pág. 24.

 

 

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