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En qué está el Conductismo Educacional


Si Ud. pensaba que el conductismo educacional – ese que habla de disciplina, orden y respeto- había muerto, al igual que muchos se encuentra en un profundo error. Por el contrario, esta filosofía educativa después de una prolongada invernación empieza a salir y a afilar armas, en contra de lo que considera los problemas no resueltos por el constructivismo. Tal vez por eso, el influyente Thing Tank de derecha, el CEP, invitó el pasado agosto a Inger Enkvist (1), a exponer sobre la crisis actual de la educación, y los problemas asociados a la aplicación del constructivismo en los sistemas educativos.

Para conocer mejor el pensamiento de la Dra. Enkvist, he seleccionado de la revista Educación y Educadores, un fragmento del artículo titulado “La Nueva Pedagogía y el Aprender a ser Ciudadano” (2). Además, al final de este artículo, Ud. encontrará el links del audio de lo que expuso en el CEP la catedrática sueca.

La Nueva Pedagogía y el Aprender a ser Ciudadano

Los jóvenes de hoy muestran poco interés por participar en la vida política organizada a través de los partidos. El uso de drogas, las conductas violentas y el hedonismo influyen en todos los ámbitos de la vida. Las posibles cusas podrían ser las rupturas familiares, la influencia de los modelos tomados de los programas de televisivos y la confusión que acompaña a los jóvenes que no viven en ambientes culturales estables. Esta situación se presenta en muchos países y preocupa las autoridades por todas partes, pero ¿qué hacer? Antes de intentar dar una respuesta, se podría empezar con un análisis del asunto que se debe resolver. Vamos a repasar primero en qué consiste la socialización humana, proceso que se suele dividir en la socialización primaria, que se hace en la familia, y la socialización secundaria, que se realiza en el colegio, para llegar después a cómo enseñar “valores”, y particularmente en un ambiente caracterizado por la migración y la inestabilidad familiar. Vamos a terminar con la pregunta de cómo puede el colegio apoyar el sentido de responsabilidad hacia la sociedad.

La Educación en la Familia

Los antropólogos están de acuerdo en que, para ser miembro de un grupo, lo que fundamentalmente determina la pertenencia, es el acto de dar y recibir. El niño es recibido como alguien que pertenece al grupo. Necesita de otras personas, y muy pronto aprende a qué entidad pertenece. Mucho antes de saber hablar, el bebe empieza a “dar”, pues brinda a sus familiares, y en particular a la madre, muestras de afecto. Se establece un intercambio de gestos cariñosos, de aprecio de pertenencia. Dentro de este marco afectivo, paso a paso se enseñan al niño reglas de comportamiento. El aprenderá a esperar a que se atiendan también a sus hermanos, y no sólo a él. Aprenderá a no acaparar sobre sí mismo toda la atención, sino a dejar que hablen los demás. Es un logro cuando el niño aprende a esperar su turno para hablar, y cuando realmente escucha lo que dicen los demás, por que marca un paso hacía su integración al grupo como miembro responsable. Es una muestra que ha aceptado que él no constituye el centro del mundo, aunque haya tenido esa impresión siendo bebe.

A lo anterior se van añadiendo nuevas tareas, como vestirse, mantenerse limpio, arreglar su habitación y no dejar ni ropa ni juguetes fuera de sus respectivos lugares. Con esto ya estamos en un nivel de desarrollo en que el niño ha internalizado ciertas reglas de comportamiento. Se sabe que las reglas se deben seguir día tras día y sin esperar que se lo repitan en forma de órdenes; aprende también lo que es cumplir una promesa. Todo esto se lo enseñan los padres, para el bien del niño y del grupo. Con esto y con el desarrollo intensivo de la lengua materna, el niño termina su socialización primaria y está listo para la socialización secundaria, que tiene lugar en la escuela.

La Educación en el Colegio

Durante el ciclo de educación primaria, el alumno aprende a leer, escribir y hacer cálculos; lee cuentos infantiles; escucha historias narradas por el maestro; participa en algunas excursiones para conocer el entorno del colegio; empieza a darse cuenta de lo que es la vida social.

Según como sea el ambiente familiar del niño, este tendrá mayor o menor facilidad para incorporarse al mundo escolar. Si los padres han leído cuentos al niño, él habrá adquirido un vocabulario amplio, junto con la agilidad mental que va a permitirle trasladarse mentalmente de un “allí y entonces”. Aprende a salirse de su situación personal usando la imaginación, para ver el mundo desde la perspectiva de otras personas (Wells, 1985). A través de la lectura comprende que él no es el centro del mundo; aprende a ver sus límites y traspasarlos en su imaginación.

Casi ningún niño tiene dificultad para aprender las letras y combinarlas, pero ciertos niños presentan más dificultad para entender lo leído: la razón es que tienen un vocabulario muy restringido, no comprenden a qué se refieren las palabras impresas, y por eso la lectura les puede parecer una tarea aburrida y sin sentido (Bentolila, 2005). En otras palabras, algunos niños necesitan cierta preparación en lectura y comprensión, previa al colegio, para adquirir el vocabulario requerido para el trabajo escolar. Lo mismo vale para el comportamiento: los que no han aprendido a aceptar las reglas de conducta y de responsabilidad personal, necesitan aprender esto antes de empezar a estudiar. No pueden tener éxito en la socialización secundaria sin haber cumplido bien antes los requisitos de la primaria.

El año más importante del colegio es el primero. Durante el primer año, el maestro le enseña al niño no sólo a conocer las letras y las cifras, sino a comportarse como alumno. Convertirse en alumno significa saber llegar a la hora, saber formar fila, guardar silencio cuando indica el maestro, no molestar a los demás y poder concentrarse en la tarea. Todo ello constituye un adelanto gigantesco en el desarrollo social del niño. Está dando sus primeros pasos en el mundo fuera de la familia.

Ahora se trata de él como individuo, y no de él y su mamá. En esta transición tan importante, el maestro puede contar casi siempre con la buena voluntad del niño, que se siente orgulloso de ser alumno y de pertenecer a algo tan prodigioso como el colegio.

Cuan do el alumno tiene unos diez u once años, el “entones y allí” del cuento gana en precisión, y el alumno empieza a adquirir nociones de geografía e historia, pero también está ocupado con el adiestramiento de su cuerpo: cada vez es más fuerte y más ágil; controla mejor su motricidad; le encanta jugar con otros niños. Las niñas suelen jugar de dos en dos y se dedican a un secreto con la amiga, mientras que los niños suelen preferir juegos grupales, como el fútbol. A esta edad el desarrollo moral es rápido, y a los alumnos les suele interesar mucho la cuestión de lo que es justo e injusto.

En la educación secundaria se introducen nuevas materias, como las ciencias naturales y las lenguas extranjeras; en geografía e historia los datos se estudian con más precisión. En una palabra: el campo de estudio se hace más amplio y más profundo, y cada vez más el aprendizaje le pide al alumno que relacione los nuevos conocimientos con los anteriores. La adolescencia es la edad en que se jorja la identidad del joven, se le está abriendo el mundo a la persona, y el joven está preparándose para forjarse un futuro con la ayuda de su voluntad; aprende a proponerse metas y a hacer planes a largo plazo. Si es ahora lector habitual, se le facilitará la tarea de orientación, dado que la lectura propone ensayar diferentes papeles sociales, que lo irán preparando para la vida adulta. Cuando el joven aprende asignaturas y adquiere destrezas, paso a paso llega a “des-centrarse”, en el sentido de afianzar en él la idea de que no es el centro del mundo; es un proceso que asociamos con el concepto de madurez. A través del estudio el joven aprende a ver límites, a darse cuenta de lo poco que sabe en comparación con lo que podría saber. Su conciencia de la complejidad de la vida social le enseña a tomar en cuenta la voluntad de los demás.

En las culturas menos avanzadas técnicamente, la escolaridad suele ser breve, lo cual quiere decir que el joven pasa casi directamente de la familia a la vida laboral. Empieza a trabajar aprendiendo de los adultos y de sus compañeros de trabajo. Según las características del lugar, el aprendizaje será más o menos grato. En algunos medios sociales, el niño ni siquiera tiene acceso a ese tipo de adiestramiento, queda institucionalmente desamparado, sólo, y debe arreglárselas como sea para sobrevivir.

La Educación en el Grupo de Jóvenes

Lo explicado hasta ahora es una perspectiva del desarrollo de los jóvenes que corresponde a una larga tradición en el campo de la educación. Sin embargo, desde los años sesenta se ha introducido, tanto en el ámbito de la educación familiar como en la escolar, otro fenómeno: una fuerte corriente antiautoritaria. Según esta tendencia, los padres supuestamente estarían ejerciendo una autoridad ilegítima, a tomar decisiones sobre sus hijos, y otro tanto los profesores, al dirigir el trabajo de sus alumnos. Se pide que los padres se comporten como amigos de sus hijos, y a los profesores, que ya no enseñen, sino que se conviertan en “facilitadores”.

El nuevo enfoque pretende “colocar al alumno en el centro del proceso educativo”. Sí antes el énfasis se ponía en o que debía aprender el alumno, para convertirse en un adulto culto y responsable, ahora la argumentación es distinta. Se dice que nadie puede aprender si no quiere, y que por eso hay que presentar el material de manera lúdica; el profesor no precisa saber tanto la materia en sí, como la forma de presentar la materia al alumno de un modo atractivo. En otras palabras, el futuro docente debe estudiar más pedagogía y menos disciplinas científicas. Además, ¿quién sabe mejor que el propio alumno qué es lo que más le agrada? Por eso, los profesores deben preparar la materia en forma de proyectos, entre los cales el alumno elegirá el que más le guste. Ya que el aprendizaje es individual y ligado a los intereses del propio alumno, este también se convierte en el agente indicado para evaluar si ha habido aprendizaje o no.

La corriente filosófica detrás de esta nueva pedagogía es el constructivismo, que se basa en la observación de que todo aprendizaje necesariamente tiene lugar en el cerebro del alumno, y que, en ese sentido, el aprendizaje es individual. Nadie contradice eso. Sin embargo, el constructivismo toma esta observación como punto de partida para suponer que el alumno no puede aprender de lo que le explica otra persona, sino que tiene que buscar él mismo su información, para convertirla después en conocimiento. La búsqueda se considera parte sustancial de cómo ocurre la incorporación del material en el alumno, y la primera fase de la elaboración que convertirá los nuevos datos en conocimiento. En esta idea se basan las técnicas pedagógicas de lo lúdico y de los proyectos individuales.

Sin embargo, la mayoría de los adultos sabemos que es posible entender de lo que expone un profesor, y que, en general, es mucho más rápido y fácil aprender con un profesor que trabajando uno por sí mismo, solo. Podemos comparar esta situación con la que vivieron los alumnos que residían lejos de los centros urbanos, y a veces estudiaban sin guía a distancia. Algunos llegaban a adquirir excelentes conocimientos, muy sólidos, pero la mayoría dejaba los estudios sin terminar. Estudiando con un profesor, el alumno enfoca lo más importante sin perder tiempo, y si toma un camino equivocado, e profesor lo corrige e indica por dónde debe transitar para llegar a la meta. Este tipo de enseñanza da mejor resultado que el trabajo no dirigido (Kirschner, et al., 2006). A pesar de estas comprobaciones, los representantes de la nueva pedagogía han sabido influir en los políticos para que impongan a los profesores su modelo.

El eslogan del alumno con centro del proceso educativo nunca ha sido completamente realizado, porque una educación realmente individualizada sería enormemente cara y, además, casi imposible de organizar. Esta pedagogía centrada en el alumno se convierte más bien en una pedagogía del grupo. Los verdaderos agentes socializadores de los jóvenes son los otros alumnos de su mismo grupo de edad, y no la familia, ni los profesores, ni otros adultos representantes de la vida laboral.

Cuando se dice que los jóvenes son capaces desarrollar un conocimiento sin el profesor, en realidad se les está dejando solos con sus compañeros. Se piensa que habrá algún momento que logre resolver el problema y que ayudará también a los demás. Así, idealmente, todos aprenden y nadie se queda atrás; el aprendizaje sería más libre y habría mayor colaboración entre los alumnos, y la educación se convertiría en autoeducación y en convivencia. Sin embargo, muchos países han introducido esta pedagogía desde los finales de los años sesenta, y está a la vista que el modelo no es exitoso. Por ejemplo, Suecia ha invertido sumas ingentes para que funcione, y aún así eso no ocurre. Cada año bajan más los resultados y, además, han aparecido en los colegios actos de vandalismo y violencia que no se habían visto antes.

La violencia no debería sorprendernos. En los otros modelos de educación, la de familia, del colegio o la vida laboral, siempre queda en manos de adultos decidir las actividades y las reglas de comportamiento. La nueva pedagogía cree que los jóvenes son capaces de regular su comportamiento tomando decisiones grupales. Supuestamente, el grupo puede juntarse a decidir qué reglas seguir, y por ser una decisión emanada de los propios jóvenes, todos van a acatar las reglas. Ahora hay colegios sin un reglamento oficial, porque los alumnos de 11 ó 12 años no han tenido interés en reunirse para tomar una decisión sobre las reglas que se deben seguir.

Esta pedagogía refuerza el deseo natural imitativo propio de la adolescencia y la preadolescencia, de ser como los demás. Si no se presentan otros modelos, el grupo impone cierta ropa de marca, aconseja fuertemente ver ciertos programas televisivos y jugar ciertos juegos electrónicos. En bastantes colegios, en la práctica, algunos jóvenes llegan a prohibir a sus compañeros que estudien.

Infortunadamente, no suelen ser los alumnos más razonables o más interesados en los estudios los que ejercen el liderazgo. Lo que se ha constatado es que cuando los adultos dejan de guiar a los grupos de alumnos, empieza a regir la ley del más fuerte. Se ha extendido el matonismo, el “bullying”, de una manera que nos hubiera parecido imposible hace una generación. Han surgido pandillas dentro de los colegios, que intimidan y roban a los otros alumnos y que cometen actos de vandalismo. No puede siquiera asegurarse que los adultos van a saber proteger eficazmente a un alumno cuando denuncie a un agresor.

La escuela ha tenido muchas dificultades para admitir la existencia de esta violencia, justamente porque ella destruye los cimientos básicos de la nueva pedagogía. En la escuela lúdica y divertida no “debiera” existir la violencia. Los alumnos, al ser más libres, deberían todos ser más felices, trabajando a su ritmo, agradecidos. Cuando la nueva pedagogía ya no puede negar la violencia, intenta por lo menos seguir negando que tenga relación con la manera de organizar el trabajo escolar y con el descenso de los conocimientos. Sin embargo, entre los violentos, la mayoría son fracasados escolares. Los pedagogos en cuestión echan la culpa a los muchos cambio ocurridos en la sociedad, y es verdad que ha cambiado la sociedad, pero ¿no debería haberse adaptado la escuela a este cambio para proteger mejor a los alumnos?

  • ¿La educación desvirtuada? Teorías del aprendizaje y su efectividad. Ponencia de Inger Enkvist, realizada en el Centro de estudios Públicos (CEP), el 10 de agosto de 2009. (Escuche el audio aquí)

Notas

1.- Inger Enkvist. Doctora en letras de la Universidad de Gotemburgo, Suecia. Docente de la Universidad de Lund, Suecia.

2.- Educación y Educadores. Vol. 11, n° 2. 2008.

Bibliografía

  • Wells, Gordon. The Meaning Makers. Children Learning and Using Languaje to Learn. Lóndres: Hodder-Stroughton, 1985.
  • Bentolila, Alan. Tout sur l´école. París: Odile Jacob, 2005.
  • Kirschner, Paul. Why minimal guidance during instruction does not work: An analysis of the failure of constructivist, discovery, problem-based, experiential,
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4 Responses to “En qué está el Conductismo Educacional”


  1. 1 Karen
    diciembre 5, 2009 en 10:40 pm

    Estoy completamente de acuerdo. Creo que la Educación, de ser un modelo “autoritario”, se ha dirigido a un extremismo “del dejar ser”. Ambos paradigmas pueden ser empleados de forma dinámica sin pesar uno más que otro, y así cuanto más enfoques existan, mejor y siempre en el equilibrio armonioso de la didáctica misma.
    Concuerdo completamente que la educación hoy es para el “más fuerte”, físicamente hablando, y a un lado quedaron los líderes del conocimiento que hoy se refleja con una juventud que pelea al desborde y sin argumentos que lo validen.
    Soy alumna en práctica profesional de docencia básica y me ha sido imposible realizar una didáctica desde la reflexión, del constructivismo puro, pues los niños de hoy no quieren aprender ni les interesa comprender al otro, tener compasión, etc. Son niños de 8 a 10 años y llegan a la escuela sólo porque hay comida, más nada. He sufrido mucho y no los culpo, pero la impotencia me viene desde las políticas educativas que en definitiva se imponen desde una utopía, en todos sus aspectos, y que se refleja en una sociedad cada vez menos insensible, colapsando en el consumismo y dejando a los niños y jóvenes dejar ser sin nadie enfocarlos o conducirlos para enfrentarse a un mañana, desde el conocimiento, que es la única herramienta que no permite a los poderes capitalistas derrocar una sociedad de respeto y el compartir mutuo.

    • 2 Leo
      diciembre 7, 2009 en 7:19 pm

      Como profesor de enseñanza media en el área científica, dejo de manifiesto mi absoluto acuerdo con lo citado, ya que, en efecto, al alumno hoy en día le falta disciplina, rigor, y focalización de objetivos.
      Pienso que el constructivismo puro es utópico en su aplicación, sin embargo, si las políticas educacionales en Chile apuntasen hacia un Conductismo en su esencia y programa oficial, sumado a “nuevas prácticas pedagógicas” acotadas sólo a la extensión JEC, podría generar un impacto favorable en nuestros estudiantes

  2. 3 steve
    diciembre 9, 2009 en 1:00 am

    Lamento confesar que estoy más o menos de acuerdo con lo que dice. En todo caso, la “verdadera” izquierda siempre ha sido disciplinada y abierta al pensamiento crítico y rigoroso. “Fumar un pito en el nombre del Che” no avanza la igualdad social ni la liberación humana.

  3. marzo 27, 2010 en 5:07 pm

    Es un error atribuirle al conductismo la idea de autoritarismo, orden y respeto. Esa es una vulgarización hecha por los docentes que poco conocen de psicología. Sin embargo comparto totalmente las ideas de esta investigadora, ya que todas las reformas educativas realizadas en occidentes en el siglo XX se basan en una idea equivocada de la naturaleza humana: o consideran qaue el ser humano es una tabla rasa o de que es un buen salvaje o que es un fantasma metido en un cuerpo (para esto recomiendo leer “la tabla raza” de Steven Pinker. Así mismo recomiendo leer el libro de Enkvist, disponible aquí: http://www.scribd.com/doc/25619390/Repensar-la-educacion-Inger-Enkvist


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