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12
feb
10

Recuerdos del Centenario Patrio


“Hacia 1900. Las élites “portalianas”
– lo mismo que los reyes borbones del siglo XVII-
sobrevivían su dominación comprando y vendiendo soberanía
y baratijas, a izquierda y a derecha, sobre cubierta o bajo cubierta.
(Gabriel Salazar, Julio Pinto)*

A meses de celebrar 200 años de la independencia de España, fecha que sin duda estará marcada por celebraciones, conmemoraciones e inauguraciones de todo tipo, bien vale la pena detenerse un momento a reflexionar y a recordar sobre lo que fue la conmemoración del centenario de nuestra independencia. En efecto, me parece sana esta reflexión no solo como un ejercicio de memoria histórica, sino, sobre todo, como un ejercicio ciudadano que nos permita avizorar los desafíos y esperanzas que abrigaban nuestros compatriotas en la primera década del siglo XX, y lo más importante, cómo han cambiado estos desafíos y esperanzas después de cien años.

Corría la primera década del siglo y el país se empezaba a reponer de las heridas causadas hace 19 años, que dejó como saldo desolador más de 4.000 muertos, el suicidio del presidente Balmaceda en la legación argentina, la capital saqueada por las hordas de aquellos que impusieron la derrota al proyecto gobiernista, y que en alianza con los intereses económicos ingleses marcaron la senda económica de los próximos 30 años. En un clima de complacencia y optimismo, la oligarquía de turno se felicitaba por los avances de un modelo -devenido después de la guerra civil en parlamentario- sustentado en la exportación de salitre, con el que se podía respaldar los avances en infraestructura y servicios públicos que gozaba el país (1). Las cifras, qué duda cabe, le daban al patriciado nacional una suerte de autocomplacencia sobre los múltiples logros y avances que el país experimentaba, producto básicamente de dos hechos: el desarrollo del norte salitrero, y la incorporación plena del territorio mapuche después de la llamada “pacificación”. El salitre estimuló el asentamiento de nuevos centros urbanos, lo que estimuló el comercio de cabotaje, así como una insipiente industrialización asociada al auge del ferrocarril, en continua expansión (2). La anexión del territorio mapuche (3) aportó al Estado la expansión de áreas cultivables, especialmente de trigo, lo que estimuló la agroindustria y la incorporación de nuevas razas ganaderas. Este crecimiento económico, permitió expandir la administración pública generando una incipiente clase media, se calcula que hacia 1880 el Estado contaba con 3 mil funcionarios, los que aumentaron a 13 mil en 1900, cifra que siguió creciendo empinándose a 27 mil en 1919.

Las ideas dominantes de la época se basaban en una suerte de progresismo, que amparado en la industrialización llevarían al país inevitablemente al desarrollo, muchos observaban que un país que dependía sólo de la exportación de materias primas, quedaba desprotegido a los vaivenes del precio que fijaban las grandes potencias. Por otra parte, la intelectualidad, entre los que se contaban figuras como Valentín Letelier, José Abelardo Núñez y Claudio Matte cruzaban armas con el sector más conservador del patriciado criollo, en torno al modelo educativo que se estaba adoptando y que sería la base del futuro Estado docente (4). Si bien las autoridades se felicitaban por el aumento progresivo en cobertura de nuestro sistema educativo (5), consideraban que era hora de que el Estado asegurara educación primaria obligatoria para toda la población, bajo un método racional que se apartara del enciclopedismo para sustituirlo por uno evolucionista, que tenía por particularidad el promover el método inductivo-deductivo, al que se denominaba procedimiento concéntrico.

Si miramos Santiago en el año del centenario, a primera vista aparece una ciudad moderna, con una clase política satisfecha de sus logros, las calles del centro cívico se iluminaban con energía eléctrica, los tranvías habían extendido la ciudad integrando las comunas de Providencia, Ñuñoa y Las Condes, hacia el oriente y La Granja y Puente Alto hacia el poniente. La élite, se reunía en los cafés céntricos y en el teatro Municipal donde podía mostrar su elegancia e ilustración en las galas de óperas, montadas por compañías que venían del extranjero. La fecha era esperada con el regocijo calmo de una clase satisfecha, que veía en los avances tecnológicos el reflejo de la tarea bien realizada, así en la medida de lo posible, se estaba sacando al país de la barbarie para endilgarlo por el camino de la civilización cristiana occidental. En efecto, las obras conmemorativas demuestran esta mirada, por una parte la inauguración del Museo de Bellas Artes en el Parque Forestal y la Estación Mapocho al poniente de Santiago; por la otra, el primer departament stores, Gath & Chaves (6), ubicada en la confluencia de Huérfanos con Estado. Pero, una nube negra vino a ensombrecer el alma del patriciado criollo, el presidente Pedro Montt Montt (7) falleció de un ataque cardiaco en Bremen Alemania, donde se encontraba medicándose de arteriosclerosis y arritmia cardiaca; su reemplazante, el vicepresidente Elías Fernández Albano (8) falleció poco después de un resfrío, el 6 de septiembre del mismo año. La situación se volvió compleja, a pocos días de dar inicios a las celebraciones del centenario el gobierno estaba acéfalo, pero rápidamente, un grupo de notables se reunió y consensuaron que la vicepresidencia la asumiera el ministro más antiguo del gobierno de Montt, la distinción recayó en el ministro de Justicia Emiliano Figueroa (9). En este ambiente, con múltiples delegaciones extranjeras, fiestas de gala en el Club Hípico, sin el presidente electo, se conmemoró el centenario patrio.

El otro Centenario


“… No podemos quejarnos del siglo que ha terminado anoche
su excelencia. Chile se ha formado en él como nación
independiente; se ha organizado en condiciones que le
ha dado nombre en el mundo, por la bondad y firmeza
de sus instituciones, por la seriedad de sus gobiernos,
por el patriotismo de sus hijos”
(La Libertad Electoral)**

 
“Querer contener al pueblo por medio de la violencia,
es como poner atajo a un río: las aguas se detendrán por de pronto
ante el obstáculo, pero luego crecerán, rebasarán el obstáculo y
por fin, con ímpetu avasallador, saltarán por él y seguirán
su camino arrastrándolo consigo”.
(Arturo Alessandri Palma)***

Sobre la dicotomía brutal que vivía la sociedad chilena en la primera década del siglo XX existe una amplia bibliografía al respecto, que se manifestó en lo que Augusto Orrego Luco denominó “La Cuestión Social”. Lo que se traducía, por una parte en un autocomplaciente patriciado agrario mercantil, y por la otra, el bajo pueblo que a fines del siglo XIX empezó a incorporarse a la insipiente producción capitalista, en torno a la minería nortina así como a producción fabril en las grandes ciudades, particularmente Santiago y Valparaíso. Esto es expresión no sólo de un régimen de explotación capitalista brutal e inhumano, sino también de la soberbia egocéntrica de la oligarquía nacional que se felicitaba de los grandes logros del centenario, y no era capaz de ver lo que estaba pasando a su alrededor, ver la miseria que se desenvolvía en los rancheríos, poblaciones callampas, conventillos y cités que florecían en los  arrabales de las ciudades; situación que hacía destacar a Santiago como una de las ciudades de más alto índice de mortalidad infantil de América Latina. El diagnóstico que hacía la clase política, se basaba fundamentalmente en el relajo moral por el que atravesaba la sociedad, producto de la propagación de ideologías foráneas tales como el socialismo y el anarquismo, ante lo cual el sector conservador proponía la caridad y la religión como solución; en tanto, el sector denominado liberal, planteaban como única solución la educación, entendida como el gran agente civilizador y socializador. A la fecha de la conmemoración del centenario, el descontento popular se hacía evidente, generando un poderoso proceso politizador desde afuera de la formalidad oficial, a la que criticaba duramente. Ese pueblo no oficial, había logrado organizarse en mutuales, mancomunales, sociedad de socorros mutuos, en el año 1909 se había creado la Federación Obrera de Chile (FOCH), en el año 1906 intentó colocar sin éxito en el parlamento a Luis Emilio Recabarren, situación que fue objetada por los diputados, debido a que Recabarren se negó a jurar en nombre de dios, aduciendo su condición de agnóstico. A la fecha, la organización popular estaba en plena maduración, crecimiento que no fue gratuito, a la explotación, la clase obrera debió padecer un rosario de masacres como única respuesta a sus demandas, la matanza de los obreros marítimos de Valparaíso de en 1903, la matanza del impuesto a la carne en Santiago (1905), la masacre de la Plaza Colón en Antofagasta (1906), la matanza de la Escuela Santa María de Iquique (1907). El trabajo asalariado se practicaba sin los más mínimos resguardos y protección, recordemos que a la fecha sólo existían dos leyes sociales: la ley de habitaciones obreras de 1906 y, la ley de descanso dominical de 1907.

La evidencia histórica de hace 100 años nos demuestra la existencia de una sociedad fragmentada socialmente, con una clase dirigente oligarquizada, tecnócrata, autocomplaciente y orgullosa. El prejuicio de las elites sólo alcanzó a ver lo que Vicuña Mackenna denominó: el “Santiago propio, la ciudad ilustrada, opulenta, cristiana”, y por la otra parte, el bajo pueblo: “una inmensa cloaca de infecci6n y de vicio, de crimen y de peste, un verdadero potrero de la muerte”. Por su parte, el pueblo, agotado y abrumado por la explotación empezó a buscar formas diferentes de asociatividad política, formas que sobrepasaran los márgenes del autoritarismo ilegítimo impuesto por Portales hace 77 años (10). Pasaron tan sólo 10 años, y los “potreros de la muerte” fueron capaces de congregarse en el escenario público haciendo sentir su poder soberano. En efecto, en 1918 se constituyó la Asamblea Obrera de Alimentación Nacional (AOAN) (11); a finales de enero de 1925, se organizó la Asamblea de Obreros, Estudiantes y Profesores (OEAP), la que dio paso, el 8 de marzo del mismo año, a la convocatoria de una Asamblea Popular Constituyente de asalariados e intelectuales. La  soberbia institucional volcó al país a generar profundos cambios en sus estructuras políticas, que pusieron fin la Constitución portaliana y sumieron al país en un proceso de inestabilidad hasta entrada la década del 30, del siglo XX.

A modo de Conclusión

No me parece oportuno sacar conclusiones, siempre es mejor que el lector realice las suyas. Solo me gustaría llamar la atención a los desafías del Chile de la primera década del siglo XX, las que se expresaban en la necesidad de un “progresismo industrializador” que permitiera al país apartarse de las crisis cíclicas que golpeaban a los países productores de materias primas; la educación, era sin duda la gran preocupación de los sectores medio y progresistas de la época; por último, la participación y legitimidad del régimen político, que permitiera incorporar soberana y democráticamente a todo el pueblo.

Un pensador decía que los grandes hechos se producían dos veces, la primera vez como tragedia y la segunda vez como farsa. Es verdad, que duda cebe, muchas cosas han cambiado –muchas de ellas para mejor-, pero, básicamente nuestras preocupaciones siguen siendo las mismas. Seguimos siendo un país productor de materias primas; tenemos cobertura educativa, pero bajo un sistema inequitativo y de baja excelencia para la gran mayoría del país; aun no hemos podido consolidar un sistema democrático que sustente su legitimidad en un proceso verdaderamente soberano, que dé garantías de unidad nacional a todos los ciudadanos. La historia no siempre se repite de igual forma, pero, ojalá no olvidemos las lecciones que esta nos entrega.

* Gabriel Salazar, Julio Pinto: “Historia contemporánea de Chile I: Estado, legitimidad, ciudadanía”. Tomo I. Edit LOM, 1999.

** Diario La Libertad Electoral, enero de 1901.

*** El caudillo de Tarapacá, en Cámara de Diputados, sesión extraordinaria, dos de enero de 1908.

Bibliografía

1.- Historia del siglo XX Chileno. Sofía Correa, Consuelo Figueroa, Alfredo Jocelyn-Holt, Claudio Rolle, Manuel Vicuña. Ed. Sudamericana.

2.- Gabriel Salazar y Julio Pinto. Historia Contemporánea de Chile, Tomos I –V. Ed. LOM.

3.- Gabriel Salazar. Del Poder Constituyente de Asalariados e Intelectuales (Chile, siglos XX y XXI). Edit. LOM.

4.- Armando de Ramón. Historia de Chile. Ed. Catalonia.

5.- Armando de Ramón. Santiago de Chile (1541-1991) Historia de una Sociedad Urbana. Ed. Sudamericana.

6.- Dr. J. Valdés Canje. Chile Íntimo en 1910. Imp. Universitaria.

7.- Julio Pinto, Verónica Valdivia. ¿Revolución Proletaria o querida chusma? Socialismo y Alessandrismo en la pugna por la politización pampina (1911 – 1932). Ed. LOM.

8.- Fernando Pinto Lagarrigue. Crónica Política del Siglo XX. Desde Errázuriz Echaurren hasta Alessandri Palma. Ed. Orbe.

8.- José Bengoa. Historia de un Conflicto. Los Mapuches y el Estado nacional durante el siglo XX. Ed. Planeta.

Notas

1.- En el período, el impuesto al salitre alcanzaba a un 40% de su valor de exportación.

2.- En 1911, el territorio nacional está unido longitudinalmente desde Pintados (95 Km. de Iquique) hasta Puerto Montt.

3.- La llamada pacificación de la Araucanía tiene su génesis a partir de 1866, proceso que culmino su fase bélica en 1884, para dar paso a la radicación del pueblo mapuche en reservaciones mediante títulos de merced.

4.- A partir de 1889 se empezó a implementar en forma en forma experimental el método concéntrico, para luego, en 1893, extenderlo a todo el país.

5.- Según cifras de la época, en 1880 había cerca de 500 personas dedicadas a la educación pública, en 1930 la cifra llegó a 12.650. En 1895, había 150.000 alumnos en 1.300 colegios fiscales; en 1925, había 500.000 estudiantes repartidos en 3.500 establecimientos fiscales.

6.- Gath & Chaves, almacén anglo-argentino, ubicado en la esquina de Estado y Huérfanos, fue la tienda que inauguró el retail en Chile. Una revolución traída desde afuera, que tiene su abrupto final en 1952 luego de que una huelga definió el cierre de la mítica tienda.

7.- Hijo del presidente Manuel Francisco Antonio Julián Montt Torres (1851 – 1856), llegó al poder por la Alianza Liberal en 1906 y gobernó hasta su muerte, en 1910.

8.- Ingresó a la política como representante del Partido Nacional, integrando los gabinetes de los presidentes Riesco, Errázuriz Echaurren y Montt.

9.- Balmacedista, fue diputado por Melipilla, Ministro de Justicia, presidente subrogante para el centenario, embajador y por último, presidente de la república entre 1925 a 1927.

10.- Para una mayor comprensión ver en: El Drama de constituyente en la Historia de Chile. ( http://guillermobastias.wordpress.com/2009/10/16/el-drama-de-la-constituyente-en-la-historia-de-chile/ ).

11.- Fundada en 1918, integrada por: La FOCH, federaciones metalúrgicas, agrícolas y comerciantes, sindicatos de choferes y de ferrocarriles, agrupaciones de mujeres y estudiantiles entre otras.




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